Contra el burocratismo
Ernesto Che Guevara

Publicado en: Revista Cuba Socialista, La Habana, febrero de 1963, año 3, no. 18.
Tomado de: Ernesto Che Guevara, Temas económicos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1988.

Nuestra Revolución fue, en esencia, el producto de un movimiento guerrillero que inició la lucha armada contra la tiranía y la cristalizó en la toma del poder. Los primeros pasos como Estado Revolucionario, así como toda la primitiva época de nuestra gestión en el gobierno, estaban fuertemente teñidos de los elementos fundamentales de la táctica guerrillera como forma de administración estatal. El "guerrillerismo" repetía la experiencia de la lucha armada de las sierras y los campos de Cuba en las distintas organizaciones administrativas y de masas, y se traducía en que solamente las grandes consignas revolucionarias eran seguidas (y muchas veces interpretadas en distintas maneras) por los organismos de la administración y de la sociedad en general. La forma de resolver los problemas concretos estaba sujeta al libre arbitrio de cada uno de los dirigentes.
Por ocupar todo el complejo aparato de la sociedad, los campos de acción de las "guerrillas administrativas" chocaban entre sí, produciéndose continuos roces, órdenes y contraórdenes, distintas interpretaciones de las leyes, que llegaban, en algunos casos, a la réplica contra las mismas por parte de organismos que establecían sus propios dictados en forma de decretos, haciendo caso omiso del aparato central de dirección. Después de un año de dolorosas experiencias llegamos a la conclusión de que era imprescindible modificar totalmente nuestro estilo de trabajo y volver a organizar el aparato estatal de un modo racional, utilizando las técnicas de la planificación conocidas en los hermanos países socialistas.
Como contra medida, se empezaron a organizar los fuertes aparatos burocráticos que caracterizan esta primera época de construcción de nuestro Estado socialista, pero el bandazo fue demasiado grande y toda una serie de organismos, entre los que se incluye el Ministerio de Industrias, iniciaron una política de centralización operativa, frenando exageradamente la iniciativa de los administradores. Este concepto centralizador se explica por la escasez de cuadros medios y el espíritu anárquico anterior, lo que obligaba a un celo enorme en las exigencias de cumplimiento de las directivas. Paralelamente, la falta de aparatos de control adecuados hacía difícil la correcta localización a tiempo de las fallas administrativas, lo que amparaba el uso de la "libreta". De esta manera, los cuadros más conscientes y los más tímidos frenaban sus impulsos para atemperarlos a la marcha del lento engranaje de la administración, mientras otros campeaban todavía por sus respetos, sin sentirse obligados a acatar autoridad alguna, obligando a nuevas medidas de control que paralizaran su actividad. Así comienza a padecer nuestra Revolución el mal llamado burocratismo.
El burocratismo, evidentemente, no nace con la sociedad socialista ni es un componente obligado de ella. La burocracia estatal existía en la época de los regímenes burgueses con su cortejo de prebendas y de lacayismo, ya que a la sombra del presupuesto medraba un gran número de aprovechados que constituían la "corte" del político de turno. En una sociedad capitalista, donde todo el aparato del Estado está puesto al servicio de la burguesía, su importancia como órgano dirigente es muy pequeña y lo fundamental resulta hacerlo lo suficientemente permeable como para permitir el tránsito de los aprovechados y lo suficientemente hermético como para apresar en sus mallas al pueblo.
Dado el peso de los "pecados originales" yacentes en los antiguos aparatos administrativos y las situaciones creadas con posterioridad al triunfo de la Revolución, el mal del burocratismo comenzó a desarrollarse con fuerza. Si fuéramos a buscar sus raíces en el momento actual, agregaríamos a causas viejas nuevas motivaciones, encontrando tres razones fundamentales.
Una de ellas es la falta de motor interno. Con esto queremos decir, la falta de interés del individuo por rendir su servicio al Estado y por superar una situación dada. Se basa en una falta de conciencia revolucionaria o, en todo caso, en el conformismo frente a lo que anda mal.
Se puede establecer una relación directa y obvia entre la falta de motor interno y la falta de interés por resolver los problemas. En este caso, ya sea que esta falla del motor ideológico se produzca por una carencia absoluta de convicción o por cierta dosis de desesperación frente a problemas repetidos que no se pueden resolver, el individuo, o grupo de individuos, se refugian en el burocratismo, llenan papeles, salvan su responsabilidad y establecen la defensa escrita para seguir vegetando o para defenderse de la irresponsabilidad de otros.
Otra causa es la falta de organización. Al pretender destruir el "guerrillerismo" sin tener la suficiente experiencia administrativa, se producen disloques, cuellos de botellas, que frenan innecesariamente el flujo de las informaciones de las bases y de las instrucciones u órdenes emanadas de los aparatos centrales. A veces éstas, o aquellas, toman rumbos extraviados y, otras, se traducen en indicaciones mal vertidas, disparatadas, que contribuyen más a la distorsión.
La falta de organización tiene como característica fundamental la falla en los métodos para encarar una situación dada. Ejemplos podemos ver en los Ministerios, cuando se quiere resolver problemas a otros niveles que el adecuado o cuando éstos se tratan por vías falsas y se pierden en el laberinto de los papeles. El burocratismo es la cadena del tipo de funcionario que quiere resolver de cualquier manera sus problemas, chocando una y otra vez contra el orden establecido, sin dar con la solución. Es frecuente observar cómo la única salida encontrada por un buen número de funcionarios es el solicitar más personal para realizar una tarea cuya fácil solución sólo exige un poco de lógica, creando nuevas causas para el papeleo innecesario.
No debemos nunca olvidar, para hacer una sana autocrítica, que la dirección económica de la Revolución es la responsable de la mayoría de los males burocráticos: los aparatos estatales no se desarrollaron mediante un plan único y con sus relaciones bien estudiadas, dejando amplio margen a la especulación sobre los métodos administrativos. El aparato central de la economía, la Junta Central de Planificación, no cumplió su tarea de conducción y no la podía cumplir, pues no tenía la autoridad suficiente sobre los organismos, estaba incapacitada para dar órdenes precisas en base a un sistema único y con el adecuado control y le faltaba imprescindible auxilio de un plan perspectivo. La centralización excesiva sin una organización perfecta frenó la acción espontánea sin el sustituto de la orden correcta y a tiempo. Un cúmulo de decisiones menores limitó la visión de los grandes problemas y la solución de todos ellos se estancó, sin orden ni concierto. Las decisiones de última hora, a la carrera y sin análisis, fueron la característica de nuestro trabajo.
La tercera causa, muy importante, es la falta de conocimientos técnicos suficientemente desarrollados como para poder tomar decisiones justas y en poco tiempo. Al no poder hacerlo, deben reunirse muchas experiencias de pequeño valor y tratar de extraer de allí una conclusión. Las discusiones suelen volverse interminables, sin que ninguno de los expositores tenga la autoridad suficiente como para imponer su criterio. Después de una, dos, unas cuantas reuniones, el problema sigue vigente hasta que se resuelva por sí solo o hay que tomar una resolución cualquiera, por mala que sea.
La falta casi total de conocimientos, suplida como dijimos antes por una larga serie de reuniones, configura el "reunionismo", que se traduce fundamentalmente en falta de perspectiva para resolver los problemas. En estos casos, el burocratismo, es decir, el freno de los papeles y de las indecisiones al desarrollo de la sociedad, es el destino de los organismos afectados.
Estas tres causas fundamentales influyen, una a una o en distintas conjugaciones, en menor o mayor proporción, en toda la vida institucional del país, y ha llegado el momento de romper con sus malignas influencias. Hay que tomar medidas concretas para agilizar los aparatos estatales, de tal manera que se establezca un rígido control central que permita tener en las manos de la dirección las claves de la economía y libere al máximo la iniciativa, desarrollando sobre bases lógicas las relaciones de las fuerzas productivas.
Si conocemos las causas y los efectos del burocratismo, podemos analizar exactamente las posibilidades de corregir el mal. De todas las causas fundamentales, podemos considerar a la organización como nuestro problema central y encararla con todo el rigor necesario. Para ello debemos modificar nuestro estilo de trabajo; jerarquizar los problemas adjudicando a cada organismo y cada nivel de decisión su tarea; establecer las relaciones concretas entre cada uno de ellos y los demás, desde el centro de decisión económica hasta la última unidad administrativa y las relaciones entre sus distintos componentes, horizontalmente, hasta formar el conjunto de las relaciones de la economía. Esa es la tarea más asequible a nuestras fuerzas actualmente, y nos permitirá, como ventaja adicional encaminar hacia otros frentes a una gran cantidad de empleados innecesarios, que no trabajan, realizan funciones mínimas o duplican las de otros sin resultado alguno.
Simultáneamente, debemos desarrollar con empeño un trabajo político para liquidar las faltas de motivaciones internas, es decir, la falta de claridad política, que se traduce en una falta de ejecutividad. Los caminos son: la educación continuada mediante la explicación concreta de las tareas, mediante la inculcación del interés a los empleados administrativos por su trabajo concreto, mediante el ejemplo de los trabajadores de vanguardia, por una parte, y las medidas drásticas de eliminar al parásito, ya sea el que esconde en su actitud una enemistad profunda hacia la sociedad socialista o al que está irremediablemente reñido con el trabajo.
Por último, debemos corregir la inferioridad que significa la falta de conocimientos. Hemos iniciado la gigantesca tarea de transformar la sociedad de una punta a la otra en medio de la agresión imperialista, de un bloqueo cada vez más fuerte, de un cambio completo en nuestra tecnología, de agudas escaseces de materias primas y artículos alimenticios y de una fuga en masa de los pocos técnicos calificados que tenemos. En esas condiciones debemos plantearnos un trabajo muy serio y muy perseverante con las masas, para suplir los vacíos que dejan los traidores y las necesidades de fuerza de trabajo calificada que se producen por el ritmo veloz impuesto a nuestro desarrollo. De allí que la capacitación ocupe un lugar preferente en todos los planes del Gobierno Revolucionario.
La capacitación de los trabajadores activos se inicia en los centros de trabajo al primer nivel educacional: la eliminación de algunos restos de analfabetismo que quedan en los lugares más apartados, los cursos de seguimiento, después, los de superación obrera para aquellos que hayan alcanzado tercer grado, los cursos de Mínimo Técnico para los obreros de más alto nivel, los de extensión para ser subingenieros a los obreros calificados, los cursos universitarios para todo tipo de profesional y, también, los administrativos. La intención del Gobierno Revolucionario es convertir nuestro país en una gran escuela, donde el estudio y el éxito de los estudios sean uno de los factores fundamentales para el mejoramiento de la condición del individuo, tanto económicamente como en su ubicación moral dentro de la sociedad, de acuerdo con sus calidades.
Si nosotros logramos desentrañar, bajo la maraña de los papeles, las intrincada relaciones entre los organismos y entre secciones de organismos, la duplicación de funciones y los frecuentes "baches" en que caen nuestras instituciones, encontramos las raíces del problema y elaboramos normas de organización, primero elementales, más completas luego, damos la batalla frontal a los displicentes, a los confusos y a los vagos, reeducamos y educamos a esta masa, la incorporamos a la Revolución y eliminamos lo desechable y al mismo tiempo, continuamos sin desmayar, cualesquiera que sean los inconvenientes confrontados, una gran tarea de educación a todos los niveles, estaremos en condiciones de liquidar en poco tiempo el burocratismo.
La experiencia de la última movilización es la que nos ha motivado a tener discusiones en el Ministerio de Industrias para analizar el fenómeno de que, en medio de ella, cuando todo el país ponía en tensión sus fuerzas para resistir el embate enemigo, la producción industrial no caía, el ausentismo desaparecía, los problemas se resolvían con una insospechada velocidad. Analizando esto, llegamos a la conclusión de que convergieron varios factores que destruyeron las causas fundamentales del burocratismo; había un gran impulso patriótico y nacional de resistir al imperialismo que abarcó a la inmensa mayoría del pueblo de Cuba, y cada trabajador, a su nivel, se convirtió en un soldado de la economía dispuesto a resolver cualquier problema.
El motor ideológico se lograba de esta manera por el estímulo de la agresión extranjera. Las normas organizativas se reducían a señalar estrictamente lo que no se podía hacer y el problema fundamental que debiera resolverse; mantener la producción por sobre todas las cosas, mantener determinadas producciones con mayor énfasis aún, y desligar a las empresas, fábricas y organismos de todo el resto de las funciones aleatorias, pero necesarias en un proceso social normal.
La responsabilidad especial que tenía cada individuo lo obligaba a tomar decisiones rápidas; estábamos frente a una situación de emergencia nacional, y había que tomarlas fueran acertadas o equivocadas; había que tomarlas, y rápido; así se hizo en muchos casos.
No hemos efectuado el balance de la movilización todavía, y, evidentemente, ese balance en términos financieros no puede ser positivo, pero sí lo fue en términos de movilización ideológica, en la profundización de la conciencia de las masas. ¿Cuál es la enseñanza? Que debemos hacer carne en nuestros trabajadores, obreros, campesinos o empleados que el peligro de la agresión imperialista sigue pendiente sobre nuestras cabezas, que no hay tal situación de paz y que nuestro deber es seguir fortaleciendo la Revolución día a día, porque, además, ésa es nuestra garantía máxima de que no haya invasión. Cuanto más le cueste al imperialismo tomar esta isla, cuanto más fuertes sean sus defensas y cuanto más alta sea la conciencia de sus hijos, más lo pensarán; pero al mismo tiempo, el desarrollo económico del país nos acerca a situaciones de más desahogo, de mayor bienestar. Que el gran ejemplo movilizador de la agresión imperialista se convierta en permanente, es la tarea ideológica.
Debemos analizar las responsabilidades de cada funcionario, establecer lo más rígidamente posible dentro de causas, de los que no debe salirse bajo pena de severísimas sanciones y, sobre esta base, dar las más amplias facultades posibles. Al mismo tiempo, estudiar todo lo que es fundamental y lo que es accesorio en el trabajo de las distintas unidades de los organismos estatales y limitar lo accesorio para poner énfasis sobre lo fundamental, permitiendo así más rápida acción. Y exigir a nuestros funcionarios, establecer límites de tiempo para cumplir las instrucciones emanadas de los organismos centrales, controlar correctamente y obligar a tomar decisiones en tiempo prudencial.
Si nosotros logramos hacer todo ese trabajo, el burocratismo desaparecerá. De hecho no es una tarea de un organismo, ni siquiera de todos los organismos económicos del país; es la tarea de la nación entera, es decir, de los organismos dirigentes, fundamentalmente del Partido Unido de la Revolución y de las agrupaciones de masas. Todos debemos trabajar para cumplir esta consigna apremiante del momento: Guerra al burocratismo. Agilización del aparato estatal. Producción sin trabas y responsabilidad por la producción.

EL ENEMIGO DE LOS PUEBLOS
ADOLF HITLER

13 - 4 - 1923


¡Compatriotas, hombres y mujeres alemanes!En el invierno del año 1919-1920, nosotros los nacionalsocialistas formulamos por primera vez públicamente la pregunta al Pueblo Alemán: ¿Quién es culpable de la guerra? En vista de la orientación del gobierno de entonces de los héroes de noviembre, "diputados del pueblo", así como por la total confusión de las masas seducidas por éstos, esto era una empresa arriesgada. Y, en efecto, también recibimos de inmediato de todas partes la respuesta estereotipica de despreciable auto-denigración: "Lo confesamos, los culpables de la guerra somos nosotros", y el gobierno "alemán" de entonces en Munich publicó así llamados documentos que debían exponer nuestra culpa en la guerra ante todo el mundo. ¡Sí! Toda la revolución ha sido hecha artificialmente en base a esta mentira sencillamente monstruosa. ¿Por que sino no se la hubiera podido esgrimir como formula propagandistica contra el viejo reich, que sentido se le hubiera podido atribuir entonces a la traición de noviembre? Se necesitaba esta calumnia del sistema imperante hasta ese entonces para poder justificar con ello delante del pueblo la propia acción infame. La masa criminalmente azuzada y engañada estaba pronta a creer desaprensivamente todo lo que los nuevos hombres del gobierno le decian. Estaba pronta a abuchear a todo el que osaba la afirmación que no Alemania sino potencias bien distintas tenian culpa del desencadenamiento de la guerra. Los sepultureros marxista-democratico-pacifistas del viejo reich gritaban: "el solo hecho de que fuera resuelta por las armas una guerra prueba que fue la obra del sistema monarquico-capitalista-pangermano corrompido por la disipacion. ¡los pueblos civilizados de ninguna manera hacen la guerra entre ellos!". Pues bien, las consecuencias de la civilización que hemos alcanzado a traves del dia de gracia del 9 de noviembre, se ve en todos los rincones de la europa encendida, en subversión y violencia. Segun nuestra opinion, los tiempos sin "liga de las naciones" fueron con mucho los mas honestos y los mas humanos. Los otros, por cierto, afirman en cambio que nosotros hemos alcanzado la era de maxima cultura.Preguntamos: ¿Debe haber guerras? El pacifista responde: ¡no! El declara en especial que las disputas en la vida de los pueblos son solamente la expresión del sojuzgamiento de una clase humana por la burguesia que en ese momento gobierna. En caso de efectivas diferencias de opinión entre los pueblos afirma que debe decidir un "tribunal de paz". Pero deja sin respuesta la pregunta acerca de si los jueces de este tribunal arbitral también tendrian el poder de hacer comparecer siquiera a las partes ante los estrados. Pienso que un acusado por regla general solo acude "voluntariamente" al juzgado porque en caso contrario seria llevado a él por la fuerza.¡quisiera ver a la nación que en caso de litigio se deja arrastrar sin compulsión exterior ante este tribunal de la liga de las naciones! En la vida de los pueblos decide en ultimo termino una especie de juicio de dios. Hasta puede suceder que en una controversia de dos pueblos ambos tengan razon. Asi austria, un pueblo de 50 millones, de cualquier modo tenia derecho a una salida al mar. Pero Italia, como en la franja territorial en cuestión primaba la población italiana, exigio para si el "derecho de autodeterminacion". ¿quien renuncia voluntariamente? ¡nadie! Decide la fuerza propia de los pueblos. Siempre ante dios y el mundo el mas fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad. La historia da la prueba: ¡al que no tiene la fuerza el "derecho en si" no le sirve de nada! Un tribunal mundial sin una policia mundial seria una broma. ¿De que naciones de la actual liga de naciones se reclutaria ésta? ¿quizas hasta de las filas del viejo ejercito aleman? Toda la naturaleza es una formidable pugna entre la fuerza y la debilidad, una eterna victoria del fuerte sobre el debil. Nada mas que podredumbre habria en toda la naturaleza si fuera de otro modo. Se corromperian los estados que pecan contra esta ley elemental. Ustedes no necesitan buscar mucho tiempo por un ejemplo de semejante podredumbre que trae la muerte. ¡lo ven en el actual reich!Debemos analizar que antagonismos existieron en Europa antes de la guerra mundial. Inglaterra y Rusia estaban en competencia comercial en la llanura baja bengali, en afganistan, etcetera. Con Francia, inglaterra estaba ya desde hace 140 años en conflicto por la hegemonia. A pesar de la guerra de rapiña llevada conjuntamente han seguido siendo hasta la hora presente, viejos y encarnizados rivales. Francia estaba a su vez en oposición de intereses con italia, sobre todo en el norte de africa. Ninguna contraposición en cambio ha existido jamas entre Alemania y Rusia. Por el contrario, el estado industrial Alemania necesitaba perentoriamente otros años de paz; el estado agrario Rusia necesitaba muchas otras cosas, pero en ningun caso ampliaciones territoriales de cualquier indole a costa del imperio alemán. De la misma manera, Alemania no tenia superficies de fricción de ninguna clase con italia. Sin embargo, en un juego de intrigas conducido con consumada arteria, primeramente Rusia fue azuzada contra Alemania y, por fin, todo el mundo contra nosotros. Es un engaño infame escribir hoy hipocritamente: "¡si en Alemania se hubieran matado a tiempo a los provocadores de la guerra, la Guerra Mundial nos hubiera quedado ahorrada!". Yo pregunto: ¿Dónde estaban, pues, en todo el mundo estos provocadores de la guerra? ¿quienes son y de que medios se han valido?Con la denuncia del tratado de reaseguramiento de bismarck con Rusia comenzo la campaña consecuente de azuzamiento de la prensa mundial judeo-democratica-marxista. En el paris republicano aclama al "zar de sangre", en el berlin imperial brama al mismo tiempo: "¡abajo con el zar!" la bolsa brama; los partidos democraticos y marxistas hacen lo mismo. Y mas, bebel, por lo general nunca dispuesto a conceder al "perverso militarismo" tan solo un soldado, un centavo para la protección contra Francia, pronuncio las palabras: "¡si vamos contra Rusia yo mismo cargo un fusil!". Y también en San Petersburgo es el mismo cuadro: desmedido azuzamiento contra Alemania, glorificación de Francia, nuevamente en las columnas de la gran prensa alli exclusivamente democrático-judeo-marxista. En asombrosa colaboración logran aquí como alla la democracia y el marxismo, con la probada conducción superior de los judíos que manejan los hilos, llevar a los alemanes y rusos, que originariamente tienen sentimientos reciprocos amistosos, a un antagonismo completamente insensato, incomprensible. Si el pueblo alemán no tenia motivo ni para odiar ni envidiar a Rusia ¿quien podía tener un interes tan ardiente en este azuzamiento artificial? ¡era el judio! Él genero y alimento este odio hasta el dia de la orden de movilización sonsacada al zar. ¡que era pues todo este liberalismo, nuestra prensa, la bolsa, la francmasoneria... Instrumentos del judio! El zarismo ¿Debia ser derribado para conquistar al judaismo de Rusia quizas los mismos derechos? ¡no! ¡sino el poder! Como ya los poseia en otros estados democraticos. El judío pugnaba por un dominio absoluto en el pais de las limitaciones, y no de las persecuciones de judíos, porque persecuciones de judíos no las ha habido ya en los ultimos 200 años, sino solamente una continua persecución de cristianos. Para la destrucción de Rusia el judío ¿De que podia servirse sino solamente de Alemania? Terminar mas tarde con esta Alemania, eso lo considero un juego de niños. ¡porque él conocia demasiado bien a los niños alemanes! Solamente en una prensa como la marxista alemana un Salomon Kosmanowsky (Kurt Eisner), podía atreverse a escribir: "¡Ya no hay retroceso posible! ¡Adelante contra Rusia! ¡Una misión liberadora de pueblos se presenta ahora a Alemania!". Sólamente frente al Estado Mayor Alemán, políticamente por entero falto de instinto, semejante judío del este podía osar ofrecerse para el servicio!La prensa mundial democratico-marxista-judia ha hecho de Alemania una victima de su política de alianzas. Ha aprovechado consecuentemente los antagonismos Austria-Rusia y Austria-Italia para provocar el estallido de la guerra con seguridad matematica. Austria-Rusia: ella atizaba la miope política polaca de viena contra Rusia. Ella azuzo a los polacos en cracovia y lemberg al abuso de las libertades que alli les fueron dejadas. Ella azuzo en san petersburgo: "el camino a viena pasa por berlin." ella azuzo hasta que el grado de la amistad mortal ruso-austriaca había sido alcanzado. Austria-italia: simultaneamente azuzaba en viena como en roma. Allí bramaba usando una palabra de Bismarck: "¡El que atenta contra Trieste toca la punta de la espada alemana!" ¡Bien! ¿¡Pero por que no se ha germanizado a Trieste!? Para esto se requería un puño de hierro, una voluntad de hierro. Pero ésta no la pudo reunir Viena. ¿Por qué? Porque en toda tentativa para ello la misma prensa comenzaba a azuzar en el sentido opuesto: "¿Barbaros qué sois? ¡Pensad en la humanidad? ¡Derecho de autodeterminacion! ¡Sed humanos!". ¡Pero con "humanidad" y democracia nunca han sido liberados los pueblos! La misma prensa democrática-marxista-judía entonó a la misma hora en Roma la canción de azuzamiento: "¡Libertad a vuestros hermanos y redentos! ¡El camino a Trieste pasa por Viena! ¡No hay retroceso posible! ¡Una misión liberadora de pueblos habéis de cumplir!". ¡Así la francmasonería judía de Italia a través de su prensa, pasando por encima de Austria, también azuzo a Italia a la guerra con Alemania! Porque la salida política que un gobierno alemán inteligente y decidido hubiera debido elegir, la misma prensa igualmente la supo impedir en Berlín echando mano de frases sentimentales. Porque en lugar de romper la estructura imposible de austria a quien el espiritu interior faltaba tan por completo como para mantenerse como estado, incorporarse la austria alemana y no el resto sea impelido Alemania a sumarse al destino de este miembro perdido.En las relaciones entre Alemania y Francia imperaban contrastes fundamentales que ni por los telegramas de un eisner-kosmanowsky ni por cobarde servilismo podían ser obviados. Antes de la guerra solo, era posible estar uno al lado del otro en armas. Es verdad que para Alemania la guerra de 1870-1871 significaba una terminación de la enemistad de siglos. En Francia, por el contrario, a traves de todos los medios de la propaganda periodística, en los textos escolares, teatros y cines, fue cultivado un odio candente contra Alemania. Así como Berlín azuzaba contra Rusia, así París contra Berlín. Mineros alemanes acuden presurosamente a través de la frontera para llevar a colegas franceses ayuda en una terrible catástrofe. ¿Quién espeta las mas odiosas calumnias? ¿Quien difama hasta la acción, que nació de genuina caballerosidad alemana? - Matin, Journal, etcétera. ¡Todos los periodicos judíos de Francia! ¡Buscar el conflicto y aprovecharlo, es también aquí la intención claramente reconocible del judaismo mundial!El contraste entre Alemania e Inglaterra está en el terreno económico. Hasta 1850 la posición de potencia mundial de Inglaterra era incontrovertible. Ingenieros británicos, y el comercio británico conquistan el mundo. Alemania comienza a devenir, gracias a su mayor laboriosidad y acrecentada capacidad, un competidor peligroso. A corto plazo las sociedades inglesas que se encuentran en Alemania, pasan a ser propiedad de la industria alemana, es más, sus productos desplazan hasta en el mercado londinense a los propios británicos. La medida de defensa "made in germany" tiene por resultado lo contrario de lo esperado: esta "marca registrada" se transforma en la propaganda mas eficaz. La economía alemana no fue creada solamente en Essen, sino por un hombre que sabía que detrás de la economía también debe haber poder, dado que sólamente el poder garantiza la economía, y este poder nació en los campos de batalla de 1870-1871, no en la atmósfera de parloteo de los parlamentos. 40.000 caídos han hecho posible la vida de 40 millones. Cuando Inglaterra frente a esta Alemania estaba en peligro de caer de rodillas, pensó en el último medio de la competencia de los pueblos: ¡en la violencia! Se inicia una grandiosa propaganda de prensa como preparación. ¿Pero quién es el jefe de la totalidad de la prensa de los comerciantes mundiales británicos? Un nombre se cristaliza: ¡Northeliffe! ¡Un judío! Él envia semanalmente 30 millones de diarios a todo el mundo. Y en un 99 por ciento la prensa de Inglaterra se encuentra en manos judias. "¡Cada niño alemán recién nacido cuesta la vida a un britanico!". "¡No hay ningún británico que no ganaría con el aplastamiento de Alemania!". Así con las más ruines palabras-impacto se apela a los instintos mas bajos; se azuza con afirmaciones, calumnias y promesas tales como sólamente el judío es capaz de idear, tales como únicamente periodicos judíos osan presentarlas a un pueblo ario. ¡Arriba, a salvar a las pequeñas naciones, por el honor de la Humanidad! ¡La misma mendacidad en la totalidad de la acción de azuzamiento en todo el mundo! ¡Su éxito lo siente el pueblo alemán muy dolorosamente!¿Qué razón tuvo finalmente Norteamérica de ir a la guerra contra Alemania? Pues bien: con el estallido de la Guerra Mundial tan largamente anhelada por Judá todas las grandes firmas judías de los Estados Unidos llegaron a ser proveedoras de guerra. Ellos aprovisionaron al "mercado" de guerra europeo en una medida tal como quizás no lo habian soñado, ¡una cosecha gigantesca! Pero a la voracidad insaciable del judío nada le fue suficiente. Asi comenzo entonces la prensa venal dependiente de los reyes de la bolsa, una campaña propagandistica sin igual. Su estructura, una gigantesca organización de la mentira periodistica. Y nuevamente es un consorcio judío, la Prensa Hearst, el que da el tono para la campaña de azuzamiento contra Alemania. El odio de estos "norteamericanos" no se dirigía únicamente contra la Alemania comercial, y no tampoco quizás contra la militar. Se dirigía especialmente contra la Alemania social. Por que ésta se había mantenido hasta entonces fuera de las líneas directrices de los trusts mundiales. Es que el viejo Reich al menos ha hecho la tentativa honrada de ser social, es que podiamos mostrar comienzos sociales como ningún otro país de toda la tierra. Es que en la construcción de viviendas y de fábricas se prestaba atención en su mayor parte a la higiene, baño, luz y aire, en contraposición a la República de Noviembre, cuyas "direcciones de vivienda" apriscan a los seres humanos en conejeras. Antes los tranvías suburbanos aun llevaban a los obreros por diez centavos a sus colonias de casetas de madera cubiertas de verdor, las que, bajo la "asistencia" de la República de Noviembre, debieron enajenar o dejar en estado de abandono, porque o bien los tranvías se hallan completamente paralizados o los precios de los viajes se han hecho prohibitivos. El viejo Reich edifico escuelas, hospitales, institutos científicos, que provocaron el asombro y la envidia de todo el mundo. En la República de Noviembre sucumben diariamente tales lugares de cultura. Que el viejo Reich ha sido social en este sentido, que se permitio no considerar a sus seres humanos exclusivamente como números, en esto residio su mayor peligrosidad para la bolsa mundial. De ahi, la lucha de los "compañeros" dirigidos por judíos, también en nuestro país en contra de sus más caros intereses. De ahí la campaña difamatoria según la misma consigna en todo el mundo. Por eso la prensa judeo-democrática de Norteamerica tuvo que realizar su obra maestra: a saber, llevar por azuzamiento a un pueblo grande, pacífico, al que las luchas de Europa le eran tan indiferentes como el Polo Norte, "en aras de la cultura" a la más cruel de todas las guerras por medio de la propaganda de atrocidades ideada, mentida, falsificada en nombre de la cultura, de una infamia sin precedentes desde la 'a' hasta la 'z'. Porque este último estado social de la Tierra debía ser hecho pedazos, 26 pueblos de la tierra han sido azuzados recíprocamente por esta prensa, que se encuentra exclusivamente en poder de un solo pueblo mundial, de una sóla raza, que en el fondo es enemiga a muerte de todos los estados nacionales.¿Quién hubiera podido impedir la Guerra Mundial? ¿Quizas la "solidaridad cultural", en cuyo nombre justamente se practicaba esta propaganda de atrocidades contra Alemania por los judíos? ¿O quizas los pacifistas? ¿A lo mejor hasta los pacifistas "alemanes"? ¿Aquellos Nikolai, Förster, Quidde etc., pregonando a los cuatro vientos día tras día su calumnia del heróico Pueblo Aleman? Estos maestros del así llamado pacifismo mundial, que había sido inventado de nuevo exclusivamente por judíos. ¿Quizás la muy ensalzada solidaridad del proletariado? "¡Todas las ruedas se paran cuando tu fuerte brazo lo quiere!". Las ruedas del mundo han girado asiduamente. Únicamente una rueda se trato de parar en incesante trabajo de socabamiento. Con la huelga de las fábricas de municiones de 1918, que costó la vida a miles de combatientes del frente, aún no se logró del todo. Pero el 9 de Noviembre fue paralizada esa rueda: la rueda alemana. El partido socialdemócrata declaró textualmente en su órgano principal, "Vörwarts", que no estaba en el interés del trabajador alemán que Alemania gane la guerra. Yo pregunto en cambio: tú, trabajador alemán: ¿Está en tu interés que hoy hayas llegado a ser esclavo? Que tú mismo luchas y gimes mil veces peor que antes en una servidumbre personal sin perspectiva y sin esperanza, mientras que tus dirigentes sin excepción... ¿Pero quienes son estos dirigentes del proletariado? ¡Nuevamente judíos!¿Pero es que quizás los francmasones debían impedir la Guerra Mundial? ¿Esta la más noble institución filantropica, que más clamorosamente anunciaba que se iba a colmar de felicidad al pueblo, y que al mismo tiempo fue la principal atizadora de la guerra? ¿Quienes son, pues, en realidad, los francmasones? Se distinguen dos grados. A los inferiores pertenecen en Alemania aquellos burgueses medios que en el farrago de frases ofrecidas pueden alguna vez sentirse "alguien". Los responsables, empero, son aquellos multifacéticos que soportan cualquier clima, aquellos 300 Rathenau, que todos se conocen entre sí, que dirigen los destinos del mundo por encima de las cabezas de los reyes y presidentes de Estado. Aquellos, que sin escrúpulos se hacen cargo de cualquier función, que brutalmente saben esclavizar a todos los pueblos: ¡nuevamente judíos!Ahora bien: ¿Por que los judíos han estado contra Alemania? Esto al presente, demostrado claramente por un sinnúmero de realidades, es perfectamente evidente. Ellos usaban la antiquisima táctica de las hienas: cuando los combatientes desfallecen, entonces echa mano. ¡Entonces cosecha! En la guerra y en las revoluciones judá alcanzo lo casi inalcanzable. ¡Cientos de miles de piojosos judíos del este llegan a ser "europeos" modernos! Tiempos intranquilos son capaces de producir milagros. ¡¿Cuanto tiempo se hubiera necesitado antes de 1914, p. ej. en Baviera, para que un judío galitziano llegara a ser presidente de ministros?! ¡¿O en Rusia un anarquista del ghetto neoyorquino, Bronstein (Trotzki), dictador?! Pocas guerras y revoluciones han sido suficientes para hacer del pueblo de los judíos el poseedor del oro rojo y con ello, el señor del mundo.Este pueblo odiaba dos estados ante todo, que hasta 1914 aun le impedían la consecución de su meta de dominación mundial: Alemania y Rusia. Aquí aún les había llegado en forma total lo que ya poseían en las democracias occidentales. Aquí ellos no eran aún los únicos soberanos en la vida espiritual asi como en la económica. Asimismo, los parlamentos no eran aquí aun exclusivamente instrumentos del capital y de la voluntad judíos. El hombre alemán y el ruso genuino habían conservado todavía una cierta distancia frente al judío. En ambos pueblos vivía todavía el sano instinto del desprecio a los judíos, y existia el gran peligro de que en estas monarquías podrían con todo surgir nuevamente un Fridericus, un Guillermo I, y que la democracia y las prácticas parlamentarias fueran mandadas al diablo. ¡Así los judíos se hicieron revolucionarios! La república debía conducirlos al enriquecimiento y al poder. Ellos disfrazaron esta meta: ¡caída de las monarquías! ¡instauración del pueblo "soberano"! ¡Yo no sé si hoy es posible llamar soberano al pueblo alemán o ruso! ¡En todo caso uno no se percata de ello! ¡Pero de lo que el pueblo alemán se percata, lo que diariamente tiene ante sus ojos en la forma más crasa, es el desenfreno, la intemperancia en el comer y en el beber y la especulación, de los que hace ostentación el abierto escarnio del judío! El así llamado estado libre alemán se ha transformado en el refugio donde estas sabandijas pueden enriquecerse desenfrenadamente. Asi tuvieron que ser derribadas Rusia y Alemania, a fin de alcanzar el cumplimiento de una vieja profecía. Así todo el mundo fue sacudido. Así han sido aplicados brutalmente todos los medios de la mentira y propaganda contra el estado de los últimos idealistas: ¡los alemanes! ¡y asi Judá gano la Guerra Mundial! ¿O quiere usted afirmar que el "pueblo" francés, el inglés y el norteamericano han ganado la guerra? Ellos todos, vencedores al igual que vencidos, son los derrotados. Una cosa se levanta sobre todos ellos: ¡la bolsa mundial, que ha llegado a ser el amo de los pueblos!Ahora bien, ¿qué culpa tiene Alemania misma en la guerra? Consistió en que en un tiempo, cuando ya el anillo se cerraba alrededor de su existencia, omitió organizar la defensa tan energicamente que por el despliegue de su poder o bien les fuese quitado a los demas a pesar se sus peores intenciones, el coraje de agredir, o bien que la victoria del Reich fuera garantizada. Es la culpa del pueblo alemán que en 1912 esos tres cuerpos de ejercito que el criminal reichstag en increible maldad y estupidez denego, no los haya construido por encima de él. Con estos 120.000 hombre mas la batalla de marne hubiera sido ganada y la guerra decidida. ¡dos millones menos de heroes alemanes hubieran bajado a la tumba! ¿Pero quien en 1912 asi como en el ultimo año de guerra, cego al pueblo alemán con aquella teoria: "todo el mundo depondra las armas si Alemania lo hace? ¿quien?: ¡el judío democratico-marxista, que a la misma hora y hasta el presente azuzaba y azuza entre los otros la carrera armamentista para el sojuzgamiento de la Alemania "bárbara"!Ahora quizás surja todavía la pregunta de si hoy es conveniente hablar sobre la culpa de la guerra. ¡Por cierto, hasta tenemos la obligación de hablar de ello! Por que los asesinos de nuestra Patria, que a través de todos los años traicionaron y vendieron a Alemania, son los mismos que como criminales de noviembre nos han arrojado al infortunio mas hondo! Tenemos la obligación de hablar sobre ello porque en un futuro próximo junto con el poder también tendremos la ulterior obligación de colgar a estos corruptores, canallas e incursos en alta traición en la horca, donde deben estar! ¡Que nadie crea que quizás ellos han cambiado! Al contrario, estos canallas de noviembre que hoy aún pueden moverse libremente entre nosotros, ellos también hoy actúan contra nosotros!¡Del conocimiento viene la voluntad de resurgir! Han quedado dos millones en la lucha. También ellos tienen derechos, no solamente nosotros los sobrevivientes. Hay millones de huerfanos, lisiados y viudas entre nosotros. ¡También ellos tienen derechos! Para la Alemania de hoy ninguno ha muerto ni ha quedado lisiado, huérfano o viuda. ¡Tenemos la deuda con estos millones de construir una nueva Alemania!
V. I. Lenin
Informe sobre la situación internacional y las tareas fundamentales de la Internacional Comunista
19 de julio de 1920
Primera edición: Publicado el 24 de julio de 1920 en el núm. 162 de "Pravda".

(Clamorosa ovación. Todos se ponen en pie y aplauden. El orarador intenta hablar, pero siguen los aplausos y las exclamaciones en todas las lenguas. La ovación dura mucho.)

Camaradas: Las tesis sobre los problemas relativos a las tareas fundamentales de la Internacional Comunista hans sido publicadas en todos los idiomas, y no representan algo sustancialmente nuevo (en particular para los camaradas rusos), ya que en grado considerable hacen extensivos a una serie de países occidentales, a Europa Occidental, ciertos rasgos básicos de nuestra experiencia revolucionaria y las enseñanzas de nuestro movimiento revolucionario. Por eso, en mi informe me detendré con algo más de detalle, aunque brevemente, en la primera parte del tema que me ha sido asignado: la situación internacional.
Las relaciones económicas del imperialismo constituyen la base de la situación internacional hoy existente. A lo largo de todo el siglo XX se ha definido por completo esta fase del capitalismo, su fase superior y última. Todos vosotros sabéis, claro está, que el rasgo más característico y esencial del imperialismo consiste en que el capi ha alcanzado proporciones inmensas. La libre competencia ha sido sustituida por un monopolio gigantesco. Un numero insignificante de capitalistas ha podido, a veces, concentrar en sus manos ramas industriales enteras, las cuales han pasado a las alianzas, cártels, consorcios y trusts con frecuencia de carácter internacional. De este modo, los monopolistas se han apoderado de ramas enteras de la industria en el aspecto financiero, en el aspecto del derecho de propiedad y, en parte, en el aspecto de la producción, no sólo en algunos países, sino en el mundo entero. Sobre esta base se ha desarrollado el dominio, antes desconocido, de un número insignificante de los mayores bancos, reyes financieros y magnates de las finanzas, que en la práctica, han transformado incluso las repúblicas más libres en monarquías financieras. Antes de la guerra, esto era reconocido públicamente por escritores que no tienen nada de revolucionarios, como, por ejemplo, Lysis en Francia.
Este dominio de un puñado de capitalistas alcanzó su pleno desarrollo cuando todo el globo terráqueo quedó repartido no sólo en el sentido de conquista de las distintas fuentes de materias primas y de medios de producción por los capitalistas más fuertes, sino también en el sentido de haber terminado el reparto preliminar de las colonias. Hace unos cuarenta años, apenas pasaba dé 250 millones de seres la población de las colonias sometidas por seis potencias capitalistas. En vísperas de la guerra de 1914, en las colonias había ya cerca de 600 millones de habitantes, y si agregamos países como Persia, Turquía y China, que entonces eran ya semicolonias, resultará, en cifras redondas, una población de mil millones, que era oprimida mediante la dependencia colonial por los países más ricos, civilizados y libres. Y vosotros sabéis que, además de la dependencia jurídica directa de carácter estatal, la dependencia colonial presupone toda una serie de relaciones de dependencia financiera y económica, presupone toda una serie de guerras, que no eran consideradas como tales porque consistían, con frecuencia, en que las tropas imperialistas europeas y norteamericanas, pertrechadas con las más perfectas armas de exterminio, reprimían a los habitantes inermes e indefensos de las colonias.
De este reparto de toda la tierra, de este dominio del monopolio capitalista, de este poder omnímodo de un insignificante puñado de los mayores bancos -dos, tres, cuatro o, a lo sumo, cinco por Estado- nació, de modo ineluctable, la primera guerra imperialista de 1914-1918. Esa guerra se hizo para repartir de nuevo el mundo entero. Se hizo para determinar cuál de los dos grupos insignificantes de los mayores Estados- el inglés o el alemán- recibiría la posibilidad y el derecho de saquear, oprimir y explotar toda la Tierra. Como sabéis, la guerra decidió la cuestión a favor del grupo inglés. Y como resultado de esa guerra, nos encontramos ante una exacerbación incomparablemente mayor de todas las contradicciones capitalistas. La guerra lanzó de golpe a unos 250 millones de habitantes de la Tierra a una situación equivalente a la de las colonias. Lanzó a esa situación a Rusia, en la que deben contarse cerca de 130 millones, a Austria-Hungría, Alemania y Bulgaria, que suman en total no menos de 120 millones. Doscientos cincuenta millones de habitantes de países que, en parte, figuran entre los más avanzados, entre los más cultos e instruidos, como Alemania, y que en aspecto técnico se encuentran al nivel del progreso contemporáneo. Por medio del Tratado de Versalles, la guerra impuso a esos países condiciones tales, que pueblos avanzados se vieron reducidos a la dependencia colonial, a la miseria, el hambre, la ruina y la falta de derechos, pues en virtud del tratado están maniatados y, para muchas generaciones, puestos en condiciones que no ha conocido ningún pueblo civilizado. He aquí el cuadro que ofrece el mundo: nada más acabada la guerra, no menos de 1.250 millones de seres son víctimas de la opresión colonial, víctimas de la explotación del capitalismo feroz, que se jactaba de su amor a la paz y que tenía cierto derecho a jactarse de ello hace cincuenta años, cuando la Tierra no estaba repartida todavía, cuando el monopolio no dominaba aún, cuando el capitalismo podía desarrollarse de modo relativamente pacífico, sin conflictos bélicos colosales.
En la actualidad, después de esa época "pacífica", asistimos a una monstruosa exacerbación de la opresión, vemos el retorno a una opresión colonial y militar mucho peor que la anterior. El Tratado de Versalles ha colocado a Alemania, y a toda una serie de Estados vencidos, en una situación que hace materialmente imposible su existencia a económica, en una situación de plena carencia de derechos y de humillación.
¿Qué número de naciones se ha aprovechado de ello? Para poder responder a esta pregunta debemos recordar que la población de los Estados Unidos de América -los cuales son los únicos que han ganado en la guerra de modo pleno y se han transformado por completo de un país con gran cantidad de deudas en un país al que todos le deben- no pasa de 100 millones de almas. El Japón, que ha ganado muchísimo al permanecer al margen del conflicto europeo-norteamericano y apoderarse del inmenso continente asiático, tiene 50 millones de habitantes, Inglaterra, que después de esos países ha ganado más que nadie, cuenta con una población de 50 millones. Y si agregamos los Estados neutrales, cuya población es muy pequeña y que se han enriquecido durante la conflagración, obtendremos, en cifras redondas, 250 millones.
Ahí tenéis, pues, trazado en líneas generales, el cuadro del mundo después de la guerra imperialista. Colonias oprimidas con una población de 1.250 millones de seres: paises que son despedazados vivos, como Persia, Turquía y China; países que, derrotados, han sido reducidos a la situación de colonias. No más de 250 millones en países que han mantenido su vieja situación, pero que han caído, todos ellos, bajo la dependencia económica de Norteamérica y que durante toda la guerra dependieron en el aspecto militar, pues la contienda abarcó al mundo entero y no permitió ni a un solo Estado permanecer neutral de verdad. Y, por último, no más de 250 millones de habitantes en países en los que, por supuesto, se han aprovechado del reparto de la Tierra únicamente las altas esferas, únicamente los capitalistas. En total, cerca de 1.750 millones de personas -que forman toda la población del globo. Quisiera recordaros este cuadro del mundo porque todas las contradicciones fundamentales del capitalismo, del imperialismo, que conducen a la revolución, todas las contradicciones fundamentales en el movimiento obrero, que condujeron a la lucha más encarnizada con la II Internacional, y de lo cual ha hablado el camarada presidente, todo eso está vinculado al reparto de la población de la Tierra.
Es claro que las cifras citadas ilustran en rasgos generales, fundamentales, el cuadro económico del mundo. Y es natural, camaradas, que sobre la base de ese reparto de la población de toda la Tierra haya aumentado en muchas veces la explotación del capital financiero, de los monopolios capitalistas.
No sólo las colonias y los países vencidos se ven reducidos a un estado de dependencia; en el interior mismo de cada país victorioso se han desarrollado las contradicciones más agudas, se han agravado todas las contradicciones capitalistas. Lo mostraré en rasgos concisos con algunos ejemplos.
Tomad las deudas de Estado. Sabemos que las deudas de los principales Estados europeos han aumentado, de 1914 a 1920, no menos de siete veces. Citaré una fuente económica más, que adquiere una importancia muy grande: es Keynes, diplomático inglés y autor del libro Las consecuencias económicas de la paz, quien, por encargo de su gobierno, participó en las negociaciones de paz de Versalles, las siguió sobre el lugar desde un punto de vista puramente burgués, estudió el asunto paso a paso, en detalle, y, como economista, tomó parte en las conferencias. Ha llegado a conclusiones que son más tajantes, más evidentes y más edificantes que cualquiera otra de un revolucionarío comunista, porque estas conclusiones las hace un burgués auténtico, un enemigo implacable del bolchevismo, del cual él, como filisteo inglés, se hace un cuadro monstruoso, bestial y feroz. Keynes ha llegado a la conclusión de que con el Tratado de Versalles, Europa y el mundo entero van a la bancarrota. Keynes ha dimitido; ha arrojado su libro a la cara del gobierno y ha dicho: Hacéis una locura. Os citaré sus cifras que, en conjunto, se reducen a lo siguiente:
¿Cuáles son las relaciones de deudores y acreedores que o establecido entre las principales potencias? Convierto las libras esterlinas en rublos oro, al cambio de 10 rublos oro por libra esterlina. He aquí lo que resulta: los Estados Unidos tienen un activo de 19.000 millones; su es nulo. Hasta la guerra eran deudores de Inglaterra. En el último Congreso del Partido Comunista de Alemania, el 14 de abril de 1920, el camarada Levi señalaba con razón en su informe que no quedaban más que dos potencias que actúan hoy independientes en el mundo: Inglaterra y Norteamérica. Pero sólo Norteamérica ha quedado absolutamente independiente desde el punto de vista financiero. Antes de la guerra era deudora; hoy es sólo acreedora. Todas las demás potencias del mundo han contraído deudas. Inglaterra se ve reducida a la siguiente situación: activo 17.000 millones, pasivo 8.000 millones, es ya mitad deudora. Además, en su activo figuran cerca de 6.000 millones que le debe Rusia. Los stocks militares que Rusia compró durante la guerra forman parte de los créditos ingleses. No hace mucho, cuando, en su calidad resentante del Gobierno soviético de Rusia, Krasin tuvo la oportunidad de conversar con Lloyd George sobre los convenios relativos a las deudas, explicó claramente a los científicos y políticos, dirigentes del Gobierno inglés, que si pensaban cobrar estas deudas, se equivocaban de manera inexplicable. Y el diplomático inglés Keynes les había ya revelado este error.
Por supuesto, la cuestión no depende sólo del hecho, y ni siquiera la cosa es ésa, de que el Gobierno revolucionario ruso no quiere pagar sus deudas. Ningún gobierno se avendría a liquidarlas, por la sencilla razón de que estas deudas no representan más que los intereses usurarios de lo que ha sido ya pagado una veintena de veces, y este mismo burgués Keynes, que no siente ninguna simpatía por el movimiento revolucionario ruso dice: "Está claro que no se pueden tener en cuenta estas deudas".
Por lo que se refiere a Francia, Keynes aduce cifras como éstas: su activo es de tres mil millones y medio, su pasivo, ¡de 10.000 millones y medio! Y éste es el país del cual los franceses mismos decían que era el usurero de todo el mundo, porque sus "ahorros" eran colosales y el saqueo colonial y financiero, que le había proporcionado un capital gigantesco, le permitía otorgar préstamos de miles y miles de millones, en particular a Rusia. De estos préstamos Francia obtenía enormes beneficios. Y a pesar de ello, a pesar de la victoria, Francia ha ido a parar a la situación de deudora.
Una fuente burguesa norteamericana, citada por el camarada Braun, comunista, en su libro ¿Quién debe pagar las deudas de guerra? (Leipzig, 1920), define de la manera siguiente la relación que existe entre las deudas y el patrimonio nacional: en los países victoriosos, en Inglaterra y Francia, las deudas representan más del 50% del patrimonio nacional. En lo que atañe a Italia, este porcentaje es de 60 a 70, en cuanto a Rusia, de 90, pero, como sabéis, estas deudas no nos inquietan, ya que poco antes de que apareciese el libro de Keynes, habíamos seguido su excelente consejo: habíamos anulado todas nuestras deudas.(Clamorosos aplausos.)
Keynes no hace más que revelar en este caso su habitual rareza de filisteo: al aconsejar anular todas las deudas, declara que, por supuesto, Francia no hará más que ganár, que, desde luego, Inglaterra no perderá gran cosa, porque, de todos modos, no se podría sacar nada de Rusia; Norteamérica perderá mucho, pero Keynes cuenta con ¡la "generosidad" norteamericana! A este respecto, no compartimos las concepciones de Keynes ni de los demás pacifistas pequeñoburgueses. Creemos que para conseguir la anulación de las deudas tendrán que esperar otra cosa y trabajar en una dirección un tanto diferente, y no en la de contar con la "generosidad" de los señores capitalistas.
De estas cifras muy concisas se infiere que la guerra imperialista ha creado también para los páises victoriosos una situación imposible. La enorme desproporción entre los salarios y la subida de precios lo indica igualmente. El 8 de marzo de este año, el Consejo Superior Económico, institución encargada de defender el orden burgués del mundo entero contra la revolución creciente, adoptó una resolución que termina con un llamamiento al orden, a la Laboriosidad y al ahorro, con la condición, claro está, de que los obreros sigan siendo esclavos del capital. Este Consejo Superior Económico, órgano de la Entente, órgano de los capitalistas de todo el mundo, hizo el siguiente balance.
En los Estados Unidos, los precios de los productos alimenticios han subido en un promedio de 120%, mientras que los salarios han aumentado sólo en un 100%. En Inglaterra, los productos alimenticios han subido en 170%, los salarios, en 130%. En Francia, los precios de los víveres han aumentado en 300%, los salarios, en 200. En el Japón, los precios han subido en 130%, los salarios, en 60% (confronto las cifras indicadas por el camarada Braun en su folleto precitado y las del Consejo Superior Económico dadas por el Times del 10 de marzo de 1920).
Está claro que en semejante situación el crecimiento ¡ a indignación de los obreros, el desarrollo de las ideas y del estado de ánimo revolucionarios y el aumento de las huelgas espontáneas de masas son inevitables. Porque la situación de los obreros se hace insoportable. Estos se convencen por su propia experiencia de que los capitalistas se han enriquecido inmensamente con la guerra, cuyos gastos y deudas cargan sobre las espaldas de los obreros. Recientemente, un telegrama nos comunicaba que Norteámerica quiere repatriar a Rusia a 500 comunistas más, para desembarazarse de estos "peligrosos agitadores".
Pero aunque Norteamérica nos enviase no 500, sino 500.000 "agitadores" rusos, norteamericanos, japoneses, franceses, la cosa no cambiaría, puesto que subsistiría la desproporción de los precios, contra la cual no pueden hacer nada Y no pueden hacer nada porque la propiedad privada se protege allí rigurosamente, porque para ellos es "sagrada". No hay que olvidar que la propiedad privada de los explotadores ha sido abolida sólo en Rusia. Los capitalistas no pueden hacer nada contra esa desproporción de los precios, y los obreros no pueden vivir con los antiguos salarios. Contra esta calamidad, ningún viejo método sirve, ninguna huelga aislada, ni la lucha parlamentaria ni la votación pueden hacer nada, porque la "propiedad privada es sagrada", y los capitalistas han acumulado ales deudas que el mundo entero está avasallado por un puñado de personas; por otra parte, las condiciones de existencia de los obreros se hacen más y más insoportables. No hay más salida que la abolición de la "propiedad privada" de los explotadores.
En su folleto Inglaterra y la revolución mundial, del cual nuestro Noticiero del Comisariado del Puebló de Negocios Extranjeros de febrero de 1920 ha publicado valiosos extractos, el camarada Lapinski indica que en Inglaterra los precios del carbón de exportación han sido dos veces más elevados que los previstos por los medios industriales oficiales.
En Lancashire se ha llegado a una alza del valor de las acciones de un 40%. Los beneficios de los bancos constituyen del 40 al 50% como mínimo, además se debe señalar que, cuando se trata de determinar sus beneficios, todos los banqueros saben encubrir la parte leonina no llamándola beneficios, sino disimulándola bajo la forma de primas, bonificaciones, etc. Así es que también en este caso, los hechos económicos indiscutibles muestran que la riqueza de un puñado ínfimo de personas ha crecido de manera increíble, que un lujo inaudito rebasa todos los límites, mientras que la miseria de la clase obrera no cesa de agravarse. En particular, hay que señalar, además, una circunstancia que el camarada Levi ha subrayado con extraordinaria claridad en su informe precitado: la modificación del valor del dinero. Como consecuencia de las deudas, de la emisión de papel moneda, etc., el dinero se ha desvalorizado en todas partes. La misma fuente burguesa, que ya he citado, es decir, la declaración del Consejo Superior Económico del 8 de marzo de 1920, estima que en Inglaterra la depreciación de la moneda en relaci6n al dólar es aproximadamente de un tercio; en Francia, de dos tercios, en cuanto a Alemania, llega hasta el 96%.
Este hecho muestra que el "mecanismo" de la economía mundial se está descomponiendo por entero. No es posible continuar las relaciones comerciales de la scuales dependen, bajo el régimen capitalista, la mobtemción de materias primas y la venta de los productos manufacturados; no pueden continuar precisamente por el hecho de que toda una serie de países se hallan sometidos a uno solo, debido a la depreciación monetaria. Ninguno de los países ricos puede vivir ni comerciar, porque no puede vender sus productos ni recibir materias primas.
Así, pues, resulta que Norteamérica misma, el país más rico, al que están sometidos todos los demás países, no puede comprar ni vender. Y ese mismo Keynes, que ha conocido todos los recovecos y peripecias de las negociaciones de Versalles, está obligado a reconocer esta imposibilidad, pese a su firme decisión de defender el capitalismo y a despecho de todo su odio al bolchevismo. Dicho sea de paso, no creo que ningún manifiesto comunista, o, en general, revolucionario, pueda compararse, en cuanto a su vigor, a las páginas en las que Keynes pinta a Wilson y el "wilsonismo" en acción. Wilson fue el ídolo de los pequeños burgueses y de los pacifistas tipo Keynes y de ciertos héroes de la II Internacional (e incluso de la Internacional "II y media") que han exaltado sus "14 puntos" y escrito hasta libros "sabios" sobre las "raíces" de la política wilsoniana, esperando que Wilson salvaría la "paz social", reconciliaría a los explotadores con los explotados y realizaría reformas sociales. Keynes ha mostrado con toda evidencia que Wilson ha resultado ser un tonto y que todas estas ilusiones se han esfumado al primer contacto con la política práctica, mercantil y traficante del capital, encarnada por los señores Clemenceau y Lloyd George. Las masas obreras ven ahora cada vez más claramente por su experiencia vivida, y los sabios pedantes podrían verlo a la sola lectura del libro de Keynes, que las "raíces" de la política de Wilson estribaban sólo la necedad clerical, la fraseología pequeño-burguesa y la total incomprensión de la lucha de clases.
De todo eso dimanan de modo completamente inevitable y natural dos condiciones, dos situaciones fundamentales. De una parte, la miseria y la ruina de las masas se han acrecentado de manera inaudita, y sobre todo en que concierne a 1.250 millones de seres humanos, o sea, al 70% de la población del globo. Se trata de las colonias y países dependientes, cuya población está privada de todo derecho jurídico de países colocados "bajo el mandato" de los bandidos de las finanzas. Y, aderriás, la esclavitud de los países vencidos ha quedado sancionada por el Tratado de Versalles y los acuerdos secretos relativos a Rusia, que a veces tienen -es verdad- tanto valor como los papeluchos en los que se ha escrito que debemos tantos y cuantos miles de millones. Presenciamos en la historia mundial el primer caso de sanción júrídica de la expoliación, de la esclavitud, de la dependencia, de la miseria y del hambre de 1.250 millones de seres humanos.
De otra parte, en cada país que se ha vuelto acreedor, la situación de los obreros se ha hecho insoportable. La guerra ha agravado al máximo todas las contradicciones capitalistas, y en ello está el origen de esa profunda efervescencia revolucionaria que no hace más que crecer, porque durante la guerra los hombres se hallaban bajo el régimen de la disciplina militar, eran lanzados a la muerte o amenazados de una represión militar inmediata. Las condiciones impuestas por la guerra no dejaban ver la realidad económica. Los escritores, los poetas, los popes y toda la prensa no hacían más que glorificar la guerra. Ahora que la guerra ha terminado, las cosas han comenzado a desenmascararse. Está desenmascarado el imperialismo alemán con su paz de Brest-Litovsk. Está desenmascarada la paz de Versalles que debía ser la victoria del imperialismo y ha resultado ser su derrota. El ejemplo de Keynes muestra, entre otras cosas, cómo decenas y centenares de miles de pequeños burgueses, de intelectuales o simplemente de personas un tanto desarrolladas y cultas de Europa y América han tenido que emprender la misma senda que él, que ha presentado su dimisión y arrojado a la cara de su gobierno el libro que desenmascaraba a éste. Keynes ha mostrado lo que pasa y pasara en la conciencia de millares y centenares de miles de personas cuando comprendan que todos los discursos sobre la "guerra por la libertad", etc. no han sido más que puro engaño y que como consecuencia de la guerra se ha enriquecido sólo una ínfima minoría, mientras que los demás se han arruinado y han quedado reducidos a la esclavitud. En efecto, el burgués Keynes declara que los ingleses, para proteger su vida, para salvar la economía inglesa, deben conseguir ¡que entre Alemania y Rusia se reanuden las relaciones comerciales libres! Pero ¿cómo conseguirlo? ¡Anulando todas las deudas, como lo propone él! Esta es una idea que no pertenece sólo al científico economista Keynes. Millones de personas llegan y llegarán a esta idea. Y millones de personas oyen declarar a los economistas burgueses que no hay más salida que la anulación de las deudas, que por consiguiente "¡malditos sean los bolcheviques!" (que las han anulado>, y ¡¡hagamos un llamamiento a la "generosidad" de Norteamérica!! Pienso que se debería enviar enviar en nombre del Congreso de la Internacional Comunista un mensaje de agradecimiento a estos economistas que hacen agitación en favor del bolchevismo.
Si, de una parte, la situación económica de las masas se ha hecho insoportable; si, de otra parte, en el seno de la ínfima minoría de los países vencedores omnipotentes se ha iniciado y se acelera la descomposición ilustrada por Keynes. realmente presenciamos la maduración de las dos condiciones de la revolución mundial.
Tenemos ahora ante los ojos un cuadro algo más completo del mundo. Sabemos lo que significa esta dependencia de un puñado de ricachones a la que están sujetos los 1.250 millones de seres colocados en condiciones de existencia inaguantables. De otro lado, cuando se ofreció a los pueblos el Pacto de la Sociedad de Naciones, en virtud del cual ésta declara que ha puesto fin a las guerras y que en adelante no permitirá a nadie quebrantar la paz, cuando este pacto -última esperanza de las masas trabajadoras del mundo entero- entró en vigor, eso fue para nosotros la victoria más grande. Cuando aún no estaba en vigor, decían: es imposible no imponer a un país como Alemania condiciones especiales; cuando haya un tratado, ya verán cómo todo marchará bien. Pero cuando este pacto se publicó ¡los enemigos furibundos del bolchevismo han tenido que renegar de él! Tan pronto como el pacto empezó a entrar en vigor resulto que el grupito de países más ricos, ¡este "cuarteto de gente gorda"! --Clemenceau, Lloyd George, Orlando y Wilson-- quedó encargado de arreglar las nuevas relaciones. !Y cuando pusieron en marcha la maquina del pacto, ésta llevó a la ruina total!
Lo hemos visto en las guerras contra Rusia. Débil, arruinada, abatida, Rusia, el país más atrasado, lucha contra todas las naciones, contra la alianza de Estados ricos y poderosos que dominan al mundo, y sale vencedora de esta lucha. No podíamos oponer fuerzas un tanto equivalentes y, sin embargo, fuimos los vencedores. ¿Por qué? Porque no había ni sombra de unidad entre ellos, porque cada potencia actuaba contra otra. Francia quería que Rusia le ~agase las deudas y se convirtiese en una fuerza temible contra Alemania; Inglaterra deseaba el reparto de Rusia, intentaba apoderarse del petróleo de Bakú y firmar un tratado con los países limítrofes de Rusia. Entre los documentos oficiales ingleses figura un libro que enumera con extraordinaria escrupulosidad todos los Estados (se cuentan 14) que, hace medio año, en diciembre de 1919, prometían tomar Moscú y petrogrado. Inglaterra fundaba en estos Estados su política y les daba a préstamo millones y millones. Pero hoy todos estos cálculos han fracasado y todos los empréstitos se han perdido.
Esta es la situación que ha creado la Sociedad de Naciones. Cada día de existencia de este pacto constituye la mejor agitación en favor del bolchevismo. Porque los partidarios más poderosos del "orden" capitalista nos muestran que, en cada cuestión, se echan la zancadilla unos a otros. Por el reparto de Turquía, Persia, Mesopotamia, China se arman querellas feroces entre el Japón, la Gran Bretaña, Norteamérica y Francia. La prensa burguesa de estos países está llena de los más violentos ataques y de las invectivas más acerbas contra sus "colegas" porque les quitan ante sus propias narices el botín. Somos testigos del total desacuerdo que reina en las alturas, entre este puñado ínfimo de países más ricos. Es imposible que 1.250 millones de seres, que representan el 70% de la población de la Tierra, vivan en las condiciones de avasallamiento que quiere imponerles el capitalismo "avanzado" y civilizado. En cuanto al puñado ínfimo de potencias riquísimas, Inglaterra, Norteamérica, el Japón (que tuvo la posibilidad de saquear a los países de Oriente, los países de Asia, pero no puede poseer ninguna fuerza independiente, ni financiera ni militar, sin la ayuda de otro país), estos dos o tres países no están en condiciones de organizar las relaciones económicas y orientan su política a hacer fracasar la de sus asociados y "partenaires" de la Sociedad de Naciones. De aquí se deriva la crisis mundial. Y estas raíces económicas de la crisis constituyen la razón esencial del hecho de que la Internacional Comunista consiga brillantes éxitos.
Camaradas: Ahora vamos a abordar la cuestión de la Crisis revolucionaria como base de nuestra acción revolucionaria. Y en ello necesitamos, ante todo, señalar dos errores extendidos. De un lado, los economistas burgueses presentan esta crisis como una simple "molestia", según la elegante expresión de los ingleses. De otro lado, los revolucionarios procuran demostrar a veces que la crisis no tiene absolutamente salida.
Esto es un error. Situaciones absolutamente sin salida no existen. La burguesía se comporta como una fiera insolentada que ha perdido la cabeza, hace una tontería tras otra, empeorando la situación y acelerando su muerte. Todo eso es así. Pero no se puede "demostrar" que no hay absolutamente posibilidad alguna de que adormezca a cierta minoría de explotados con determinadas concesiones, de que aplaste cierto movimiento o sublevación de Una parte determinada de oprimidos y explotados. Intentar "demostrar" con antelación la falta "absoluta" de salida sería vana pedantería o juego de conceptos y palabras. En esta cuestión y otras parecidas, la verdadera "demostracion" puede ser únicamente la práctica. El régimen burgués atraviesa en todo el mundo una grandísima crisis revolucionaria. Ahora hay que "demostrar" con la práctica que los partidos revolucionarios que tienen suficiente grado de conciencia, organización, ligazón con las masas explotadas, decisión y habilidad a fin de aprovechar esta crisis para llevar a cabo con éxito la revolución victoriosa.
Para preparar esa "demostración" nos hemos reunido precisa y principalmente en el presente Congreso de la Internacional Comunista.
Citaré como ejemplo del grado en que aún domina el oportunismo entre los partidos que desean adherirse a la III Internacional, del grado en que la labor de ciertos partidos aún está lejos de la preparación de la clase revolucionaria para aprovechar la crisis revolucionaria, a Ramsay MacDonald, jefe del "Partido Laborista Indepehdiente" inglés. En su libro El Parlamento y la la Revolución, dedicado precisamente a las cuestiones cardinales que ahora nos tienen ocupados también a nosotros, MacDonald describe el estado de las cosas, poco más o menos en el espiritú de los pacifistas burgueses. Reconoce que hay crisis revolucionaria, que aumentan los sentimientos revoucionarios, que las masas obreras simpatizan con el Poder soviético y la dictadura del proletariado (adviertan que se trata de Inglaterra) que la dictadura del proletariado es mejor que la actual dictadura de la burguesía inglesa.
Pero MacDonald no deja de ser un pacifista y conciliador burgués hasta la médula, un pequeño burgués que sueña con un gobierno que esté por encima de las clases. Reconoce la lucha de clases sólo como "hecho descriptivo", como todos los embusteros, sofistas y pedantes de la burguesía. Silencia la experiencia de Kerenski, los mencheviques y los eseristas en Rusia, la experiencia homóloga de Hungría, Alemansia, etc., sobre la formación de un gobierno "democrático", y, aparentemente, fuera de las clases. Adormece a su partido y a los obreros que tienen la desgracia de tomar a este burgués por un socialista, de tomar a este filisteo por un líder con las palabras: "Sabemos que esto (o sea, la crisis revolucionaria, la efervescencia revolucionaria) pasará, se calmará". La guerra originó inevitablemente la crisis, pero después de la guerra, aunque no sea de golpe, "todo se calmará".
Así escribe una persona que es el jefe de un partido que desea adherirse a la III Internacional. En ello vemos una denuncia de excepcional franqueza y tanto más valiosa de lo que se observa con no menos frecuencia en las capas superioreS del Partido Socialista Francés y del Partido Socialdemócrata Independiente Alemán: no sólo el no saber, sino también el no querer aprovechar la crisis revolucionaria en sentido revolucionario, o, dicho de otro modo, el no saber y el no querer llevar a cabo una verdadera preparación revolucionaria del partido y de la clase para la dictadura del proletariado.
Ese es el mal fundamental de numerosísimos partidos que hoy se apartan de la II Internacional. Y precisamente por eso me detengo más en las tesis que propuse al presente Congreso, en la determinación, de la manera más concreta y exacta posible, de las tareas de preparación para la dictadura del proletariado.
Aduciré un ejemplo más. Recientemente se ha publicado un nuevo libro contra el bolchevismo. Ahora se publican en Europa y América muchísimos libros de ese género, y cuantos más libros se publican contra el bolchevismo, tanto mayores son la fuerza y rapidez con que crecen en las masas las simpatías por él. Me refiero al libro de Otto Bauer ¿Bolchevismo o socialdemocracia? En él se muestra de modo evidente a los alemanes qué es el mechenchevismo, cuyo ignominioso papel en la revoción rusa ha sido suficientemente comprendido por obreros de todos los países. Otto Bauer ha dado un panfleto menchevique de cabo a cabo, pese a haber ocultado su simpatía por el menchevismo. Mas en Europa y América hace falta difundir ahora nociones más exactas de lo que es el menchevismo pues éste es un concepto genérico para todas las tendencias pretendidamente socialistas, socialdemocrátas, etc., hostiles al bolchevismo. A nosotros, los rusos, nos aburriría escribir para Europa qué es el menchevismo. Otto Bauer lo ha demostrado de hecho en su libro, y agradecemos por anticipado a los editores burgueses y oportunistas que lo publiquen y traduzcan a diferentes idiomas. El libro de Bauer será un complemento útil, aunque original, para los manuales de comunismo. Tomad cualquier párrafo, cualquier razonamiento de Otto Bauer y demostrad dónde está ahí el menchevismo, donde las raíces de las concepciones que llevan al proceder de los traidores al socialismo, de los amigos de Kerenski, Scheidemann, etc.: tal será el problema que se podrá proponer con provecho y éxito en los "exámenes" para comprobar si el comunismo ha sido asimilado. Si uno no puede resolver este problema, no será aún comunista y valdrá más que no ingrese en el Partido Comunista. (Aplausos.)
Otto Bauer ha expresado magníficamente la esencia de las opiniones del oportunismo internacional en una frase, por la que -si pudiéramos mandar libremente en Viena- deberíarnos erigirle un monumerto en vida. El empleo de la violencia en la lucha de clases de las democracias contemporáneas -ha dicho O. Bauer- sería una "violencia sobre los factores sociales de la fuerza".
Probablemente os parezca esto extraño e incomprensible. Es un modelo del grado a que han llevado el marxismo, del grado de banalidad y defensa de los explotadores a que se puede llevar la teoría más revolucionaria. Hace falta la variante alemana de espíritu pequeñoburgués para obtener la "teoría" de que los "factores sociales fuerza" son el número, la organización, el lugar en proceso de producción y distribución, la actividad y la instrucción. Si un obrero agrícola en el campo y un obrero industrial en la ciudad ejercen violencia revolucionaria sobre el terrateniente y el capitalista, eso no es, ni mucho menos, dictadura del proletariado, no es, ni mucho menos, violencia sobre los explotadores y opresores del pueblo. Nada de eso. Es "violencia sobre los factores sociales de la fuerza".
Quizás el ejemplo que he puesto haya salido algo humorístico. Pero es tal la naturaleza del oportunismo contemporáneo que su lucha contra el bolchevismo se convierte en un chiste. Para Europa y América es de lo más útil y apremiante incorporar a la clase obrera, a cuanto hay de pensante en ella, a la lucha del menchevismo internacional (de los MacDonald, O. Bauer y Cía.) contra el bolchevismo. Aquí debemos plantear la cuestión de cómo se explica la solidez de semejantes tendencias en Europa y por qué ese oportunismo es más vigorosO en Europa Occidental que en nuestro país. Pues porque los países adelantados han creado y siguen creando su cultura con la posibilidad de vivir a expensas de mil millones de habitantes oprimidos. Porque los capitalistas de estos paises reciben mucho por encima de lo que podrían recibir como ganancia por el expolio de los obreros de su país.
Antes de la guerra se consideraba que tres paises riquísimos: Inglaterra, Francia y Alemania tenían unos ingresos de ocho mil millones a diez mil millones de francos anuales, sin contar otros ingresos, sólo debido a la exportación de capital al extranjero.
Es claro que de esta respetable suma se pueden tirar quinientos millones, al menos, como migajas a los dirigentes obreros, a la aristocracia obrera, como sobornos de todo género. Y todo se reduce precisamente al soborno. Eso se hace por mil vías distintas: elevando la cultura en los mayores centros, creando establecimientos de enseñanza, fundando miles de cargos para dirigentes de cooperativas, para líderes tradeunionistas y parlamentarios. Pero eso se hace por dondequiera que existen relaciones capitalistas civilizadas contemporáneas. Y esos miles de millones de 5uperganancias son la base económica en que se apoya el oportunismo en el movimiento obrero. En América, Inglaterra y Francia se observa una obstinación mucho más tenaz de los dirigentes oportunistaS, de la capa superior de la clase obrera, de la aristocracia de los obreros; oponen una resistencia mucho mayor al movimiento comunista. Y por eso debemos estar dispuestos a que la curación de esta enfermedad de los partidos obreros europeos y americanos transcurra con más dificultad que en estro país. Sabemos que desde la fundación de la III Internacional se han obtenido enormes éxitos en el tratamiento de esta enfermedad, pero aún no hemos llegado a extirparla definitivamente: la obra de depurar en todo el mundo a los partidos obreros, a los partidos revolucionarios del proletariado, de la influencia burguesa y oportunistas en su propio medio aún está muy lejos de acabarse.
No me detendré en la manera concreta cómo debemos realizar eso. De ello se habla en mis tesis, que están publicadas. Aquí me incumbe señalar las profundas raíces económicas de este fenómeno. Esta enfermedad se ha prolongado y su tratamiento se ha dilafado más de lo que optimistas pudieran esperar. Nuestro enemigo principal es el oportunismo. El oportunismo en la capa superior del movimiento obrero no es socialismo proletario, sino burgués. Se ha demostrado en la práctica que los políticos del movimiento obrero pertenecientes a la tendencia oportunista son mejores defensores de la burguesía que los propios burgueses. La burguesía no podría mantenerse si ellos no dirigieran a los obreros. Eso lo demuestra no sólo la historia del régimen de Kerenski en Rusia, sino la república democrática en Alemania con su gobierno socialdemócrata al frente, lo demuestra la actitud de Albert Thomas ante su gobierno burgués. Lo demuestra la experiencia análoga de Inglaterra y los Estados Unidos. Ahí está nuestro enemigo principal, y debemos vencerlo. Tenemos que salir del Congreso con la firme resolución de llevar hasta el fin esa lucha en todos los partidos. Esa es la tarea principal.
En comparación con esa tarea, la corrección de los de la tendencia "izquierdista" en el comunismo será una tarea fácil. En toda una serie de países se observa el antiparlamentarismo, aportado no tanto por gente de la pequeña burguesía como apoyado por algunos destacamentos avanzados del proletariado debido al odio que tienen al viejo parlamentarismo, odio lógico, justo y necesario a la conducta de los miembros de los parlamentos en Inglaterra, Francia, Italia y en todos los países. Hay que dar indicaciones directrices de la Internacional Comunista, dar a conocer mejor, más a fondo, a los camaradas, la experiencia rusa, el alcance del verdadero partido político proletario. Nuestra labor consistirá en cumplir esta tarea. Y la lucha contra estos errores del movimiento proletario, contra estas faltas, será mil veces más fácil que la lucha contra la burguesía que penetra balo el manto de reformistas en los viejos partidos de la II Internacional y orienta toda su labor no en el espíritu proletario, sino en el espíritu burgués.
Camaradas: Para concluir, me detendré a examinar otro aspecto de la cuestión. El camarada presidente ha dicho aquí que esta asamblea merece el calificativo de Congreso Mundial. Creo que tiene razón, sobre todo porque se encuentran aquí no pocos representantes del movimiento revolucionario de las colonias y de los países atrasados. Esto no es más que un modesto comienzo, pero lo importante es que ya se ha dado el primer paso. La unión de los proletarios revolucionarios de los paises capitalistas, de los países avanzados, con las masas revolucionarias de los países que carecen o casi carecen de proletariado, con las masas oprimidas de las colonias, de los países de Oriente, se está produciendo en este Congreso. La consolidación de esa unión depende de nosotros, yo estoy seguro de que lo conseguiremos. El imperialismo mundial debe cáer cuando el empuje revolucionario de los obreros explotados y oprimidos de cada país, venciendo la resistencia de los elementos pequeñoburgueses y la influencia de la insignificante élite constituida por la aristocracia obrera, se funda con el empuje revolucionario de centenares de millones de seres que hasta ahora habían permanecido al margen de la historia y eran considerados sólo como obleto de ésta.
La guerra imperialista ayudó a la revolución. La burguesía sacó soldados de las colonias, de los países atrasados, para hacerlos participar en esa guerra imperialista, haciéndolos salir del estado de abandono en que se encontraban. La burguesía inglesa inculcaba a los soldados de la India la idea de que los campesinos hindúes debían defender a la Gran Bretaña de Alemania; la burguesía francesa inculcaba a los soldados de las colonias france sas la idea de que los negros debían defender a Francia. Y les enseñaron el manejo de las armas. Este aprendizaje es extraordinariamente útil, y por ello podríamos expresarle a la burguesía nuestro profundo agradecimiento, en nombre de todos los obreros y campesinoS rusos y sobre todo en nombre de todo el Ejército Rojo ruso. La guerra imperialista ha hecho que los pueblos dependientes se incorporaren a la historia universal. Y una de nuestras principales tareas del momento actual es pensar el modo de colocar la primera piedra de la organización del movimiento soviético en los países no capitalistas. Los Soviets son posibles en esos países; no serán Soviets obreros, sino Soviets campesinos o Soviets de los trabajadores.
Habrá que realizar un gran trabajo, los errores serán inevitables y muchos serán los obstáculos con que se tropezará en ese camino. La tarea fundamental del II Congreso consiste en elaborar o trazar los principios de caráctecr práctico, a fin de que el trabajo realizado hasta ahora en forma no organizada entre centenares de millones de hombres, transcurra en forma organizada, cohesionada y sstemática.
Ha pasado poco más de un año desde que se celebró el I Congreso de la Internacional Comunista y ya aparecemos como vencedores de la II Internacional. Las ideas soviéticas no sólo se difunden ahora entre los obreros de los países civilizados y no son sólo ellos los que las conocen y comprenden. Los obreros de todos los paises se ríen de esos sabihondos -muchos de los cuales se llaman socialistas- que con aire doctoral o casi doctoral se lanzan a disquisiciones sobre el "sistema" soviético, como suelen expresarse los sistemáticos alemanes, o sobre la "idea" soviética, término empleado por los socialistas "gremiales" ingleses. Tales disquisiciones sobre el "sistema" soviético o la "idea" soviética suelen enturbiar a menudo los ojos y la conciencia de los obreros. Pero los obreros desechan han esa basura pedantesca y empuñan el arma proporcionada por los Soviets. En los países de Oriente se va comprendiendo también el papel y la importancia de los Soviets.
El movimiento soviético se ha iniciado en todo el Oriente, en toda Asía, en los pueblos de todas las colonias.
La tesis de que los explotados deben rebelarse contra los explotadores y crear sus Soviets no es demasiado complicada. Después de nuestra experiencia, después de dos años y medio de República Soviética en Rusia, después del I Congreso de la III Internacional, la comprensión de esa tesis está al alcance de centenares de millones de seres oprimidos por los explotadores en el mundo entero. Y si ahora, en Rusia, nos vemos obligados con frecuencia a concertar compromisos y a dar tiempo al tiempo, pues somos más débiles que los imperialistas internacionales, sabemos, en cambio, que 1.250 millones de seres de la población del globo constituyen esa masa cuyos intereses defendemos nosotros. Por ahora tropezamos con los obstáculos, los prejuicios y la ignorancia, que con cada hora que pasa van siendo relegados al pasado; pero cuanto más tiempo pasa, más nos vamos convirtieñdo en los representantes y los defensores efectivos de ese 70% de la población del globo, de esa masa de trabajadores y explotados. Podemos decir con orgullo que en el I Congreso éramos, en el fondo, tan sólo unos propagandistas, que nos limitábamos a lanzar al proletariado de todo el mundo unas ideas fundamentales, un llamamiento a la lucha, y preguntábamos: ¿dónde están los hombres capaces de seguir ese camino? Ahora tenemos en todas partes un proletariado de vanguardia. En todas partes hay un ejército proletario, aunque en ocasiones esté mal organizado y exija una reorganización, y si nuestros camaradas internacionales nos ayudan ahora a organizar un ejército único, no habrá fallas que nos impidan realizar nuestra obra. Esa obra es la revolución proletaria mundial, es la creación de la República Soviética universal.
(Prolongados aplausos.)

Discurso pronunciado al pisar suelo ruso.

Vladimir I. Lenin (1870-1924)
Fecha: 15 de abril de 1917.
Discurso pronunciado al pisar suelo ruso.


Queridos camaradas, soldados, marineros y trabajadores: me siento feliz al saludarlos en nombre de la victoriosa revolución rusa; de saludar en vosotros a la vanguardia del ejército proletario internacional. Ya no está lejos la hora en que, al llamamiento de nuestro camarada Karl Liebkchnet, el pueblo volverá sus armas contra los capitalistas que lo explotan. La revolución rusa, hecha por vosotros, ha abierto una nueva era. ¡Viva la revolución socialista mundial!
No estoy muy seguro de que ustedes estén de acuerdo con el Gobierno provisional. Pero sí estoy seguro de que cuando les dicen dulces discursos, y los llenan de promesas, ellos los están engañando y con ustedes a todo el pueblo ruso. El pueblo necesita pan y tierra. Y ellos dan guerra, hambre, falta de comida, y las tierras se quedan para los terratenientes. Marineros, camaradas, tienen que luchar por la revolución. ¡Luchemos hasta el final!
Camaradas, trabajadores y campesinos.
El momento del que tanto hemos hablado los bolcheviques, por fin ha llegado. ¿Qué significa la revolución de los trabajadores y los campesinos? Primero, que tendremos un gobierno soviético, nuestro propio órgano de poder en el cual la burguesía no tendrá lugar.
A partir de ahora comienza una nueva fase en la historia de Rusia. La tercera revolución Rusa será la cumbre de la victoria socialista.
Una de nuestra primeras tareas es poner fin de inmediato a esta guerra. Está claro para todos que en la medida en que acabemos con esta guerra, que está sostenida por el presente sistema capitalista, el capital también será combatido.
Necesitamos la ayuda de movimientos mundiales de la clase trabajadora que ya están organizándose en Italia, Inglaterra y Alemania.
La propuesta que nosotros hacemos a la democracia internacional para la paz inmediata, será recibida ardientemente por las masas proletarias del mundo. Todos los tratados secretos deben ser publicados para fortalecer la confianza del proletariado.
En Rusia un gran número de campesinos ha señalado que ya trabajó suficiente para el capitalismo. Ahora marcharemos con los trabajadores.
Un decreto que ponga fin a la propiedad de la tierra fortalecerá la confianza de los trabajadores. Vamos a constituir un control genuino de los trabajadores sobre la producción.
La revolución que acaba de comenzar es evidencia de esto. Poseemos la fuerza de las masas organizadas capaces de superar todos los obstáculos y de conducir al proletariado a la revolución mundial.
Ahora hay que construir un estado del proletariado en Rusia.
¡Larga vida a la revolución socialista del mundo!

Salvador Allende


Salvador Allende.
Horacio Labastida.


La grandeza de los héroes no es más que el reflejo de la grandeza de los pueblos, porque el héroe, así lo escribieron sabios chinos de hace alrededor de milenio y medio, es sólo el espejo donde se refleja el corazón de las colectividades; y en esta significación los latinoamericanos debemos estar tranquilos. Cierto que con las excepciones de Brasil y Cuba, atrasados entonces en el camino, Latinoamérica ingresa a la historia universal en el amanecer del siglo XIX, cuando las grandes revoluciones del capitalismo industrial arrasaron en Europa a las monarquías y sus envilecidas aristocracias, acortándose con este motivo el tamaño de nuestra historia independiente si la comparamos con las europeas, por ejemplo, no sin recibir por tal causa los muchísimos daños que han frenado el esperado desarrollo latinoamericano. Nuestro obvio retraso agrícola y ganadero, causado por estancieros que a toda costa impedían los cambios que exigiera la población --recuérdese que México hasta 1917 inició una importante reforma agraria--, y por una lenta y comprometida asociación de los intereses creados con los poderosos importadores del exterior, así como con el menguado esfuerzo industrializador, mercantil y financiero que intentó capitalizar con recursos propios a los países del subcontinente, Latinoamérica molida por tan gravosas cargas negativas se vio condenada a ser un simple mercado de producción y consumo de bienes extranjeros sustentado para comer y sobrevivir en enclenques estructuras económicas rurales y urbanas.
Dos cosas son notables en la historia latinoamericana. La primera es una continua aunque herida adhesión a la democracia; es decir, de una u otra forma se ha batallado por establecer en cada una de las naciones un Estado del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, pero no sólo en el sentido de las banderas izadas por Abraham Lincoln en los años de su célebre discurso en Gettysburg, al declarar libres a los esclavos, sino en el marco de la profunda concepción que acompañó en todo momento a la liberación acaudillada por José María Morelos y Pavón: la democracia es un deber del Estado en que políticamente se organiza el pueblo, cuyo cumplimiento está condicionado por las exigencias jurídicas y morales de gestar un medio social propicio al respeto de las libertades del hombre y a la equidad en el reparto de la riqueza material y espiritual; ni ricos más ricos cada día ni pobres más pobres cada minuto, pues de otra manera no es dable en la historia un pueblo ajeno a la opresión y a la explotación, según lo exigen los principios de la democracia verdadera. Ante esta aspiración, Latinoamérica ha visto crecer en sí misma, dentro de su propio cuerpo, las mil caras de la perversión política implicada en el autoritarismo presidencialista, desde las brutales militarizaciones del poder que han envenenado Centro y Sudamérica, sin excluir naturalmente a México, hasta dictaduras bien o mal disfrazadas de democracias, pero con un sello que las abarca completamente: su dependencia de las élites interiores o exteriores del poder económico y el consiguiente desconocimiento de las demandas nacionales, panorama este trágico, avergonzado y harto en sangre de quienes han atrevídose a protestar contra la tiranía antipatriota.
Desde su temprana juventud Salvador Allende comprendió que Chile jamás alcanzaría democracia y justicia sin batallar abiertamente contra sus enemigos extraños y propios, simbolizados en la figura repugnante y cínica del sátrapa Augusto Pinochet; pero acatando la gran tradición de su país decidió dar la lucha dentro de las vías democráticas. Yo recuerdo los inteligentísimos y vivísimos pronunciamientos de Allende en la época en que enfrentó a Eduardo Frei, siendo jefe de la república Alessandri, y tiempo después, ya presidente por el Partido de Unidad Popular, aún escucho sus palabras llenas de fe esperanzadora, seguro como el que más de la victoria final en las acciones que los chilenos habían emprendido contra los círculos del capitalismo norteamericano, adueñados de los principales recursos del país; sin éstos en la hacienda chilena, sería imposible el salto delante; nunca olvidaré las palabras de admiración que Allende dijo en su casa, al amanecer del día en que como invitados estuvimos, Porfirio Muñoz Ledo, Jesús Reyes Heroles y yo; le brillaban los ojos con gran animación al referirse a la expropiación petrolera consumada por el gran Lázaro Cárdenas.
Siempre dentro del quehacer democrático, Allende estuvo a punto de conseguir las reformas constitucionales indispensables para la marcha por los cauces de la democracia verdadera, y esto alarmó y activó los intereses metropolitanos; no sólo el espionaje estadunidense y sus expertos en estrategias contraliberadoras y golpes de Estado, sino empresas afectadas por la nacionalización de las minas de cobre y otros bienes del patrimonio chileno, desataron la violencia financiando, soportando con armas y dirigiendo desde oficinas secretas la felonía que comandó Pinochet contra el Palacio de la Moneda hace 25 años, en un negro y nefasto 11 de septiembre. Contra un solo hombre, Salvador Allende instalado en Palacio en su carácter de Presidente de la República, confiado en la ética y en el amor del pueblo que lo secundaba, Pinochet envió sus divisiones de artillería, tanques, infantería y caballería, sin faltar la aviación bélica, para bombardear inmisericordemente al que en ese momento y para siempre representa la dignidad chilena. Su muerte fue una muerte imperceptible: Salvador Allende vive animando en Chile, América Latina y en el mundo entero los ideales de libertad y justicia.
No hay duda. Lázaro Cárdenas, el Che Guevara, Augusto César Sandino, Farabundo Martí y el obispo Romero, Fidel Castro, Salvador Allende, Camilo Torres y otras figuras egregias reflejan en su grandeza la grandeza de América Latina. Con veneración rendimos hoy pleitesía a Chile y a su presidente Salvador Allende.
Tomado del diario mexicano "La Jornada", septiembre 11 de 1998.

Educacion para la democracia


Educación para la democracia.
Salvador Allende Gossens.


Estoy aquí para conversar con Uds., alumnos, maestros, padres y apoderados en mi doble calidad de abuelo que tiene un niño en la Educación Básica, y de Presidente a la Comunidad Educacional. Destaco la importancia que tiene este acto, que se realiza por vez primera en nuestro país, y que además, alcanza realce excepcional porque están aquí, además de los padres, alumnos y maestros, los dirigentes del Sindicato Único de Trabajadores de la Enseñanza, encabezados por el Primer Trabajador de la Educación, el compañero Ministro de Educación Pública del Gobierno Popular.
Saludo la presencia en este acto, de representantes de la Universidad de Chile y de la Universidad Técnica. Saludo la presencia en este acto del Señor Director de la Escuela Militar, Plantel donde se forjan los soldados de la Patria. Están aquí, junto a nosotros, los dirigentes de los trabajadores.
Personalmente, a lo largo de mi vida, tuve siempre vínculos que me acercan más y más a los maestros.
No pasé por la Universidad tras la búsqueda ansiosa de un título que me permitiera una vida material mejor. Tengo la satisfacción de haber sido un luchador universitario; de haber sido expulsado de la Universidad por defender procesos de reforma; de haber estado junto a los maestros a lo largo de mi vida pública, cuando plantearon su inquietud para hacer posible la transformación de la Educación o cuando lucharon por sus justas reivindicaciones.
Quiero tan solo recordar que el primer proyecto de ley que presentara como Diputado por Valparaíso, en 1937 fue un proyecto destinado a la alfabetización obrera y campesina, y que, para financiarlo, ponía un impuesto al hierro exportable. Como era de imaginarse en un Congreso con mayoría que no era la nuestra, este proyecto no fue despachado. Enseguida, en mi labor parlamentaria, muchas y muchas veces levanté la voz, sobre todo para señalar la importancia trascendente que los maestros chilenos habían tenido en el proceso de superación técnica y en el desarrollo de la Educación. Fustigué, en forma muy dura aquellos gobiernos que, sin comprender el sentido nacional y patriótico que encerraba la actitud de los maestros, recurrieron a la represión y expulsaron de la enseñanza a un número superior a los 300 maestros chilenos en una determinada oportunidad.
De la misma manera, intervine en los debates para defender el plan educacional de San Carlos y la creación de la Escuela Consolidada. Tengo la satisfacción profunda de haber presentado el proyecto de ley que crea la sección Norte de la Universidad de Chile en Antofagasta. Es decir, siempre, a lo largo de mi vida pública, estuve preocupado de los problemas de la Educación y junto a los maestros, en sus duros combates por mejorarla y por mejorar también su vida, su existencia.
No fue, entonces, una actitud electoral la que me llevó, hace ano y medio o dos cuando los maestros estuvieron en huelga cerca de tres meses a participar como Senador del Pueblo, en todos los actos públicos y en las ollas comunes que levantaron para defender su dignidad.
RESPETO INTEGRAL DE LA PERSONALIDAD HUMANA.
Este acto, se realiza en el comienzo del primer año educacional del Gobierno Popular, del gobierno de ustedes, que me honro en presidir. Quiero destacar la importancia que él tiene, ya que nosotros queremos hacer presente cuánta significación tiene y tendrá la presencia de Uds., en los procesos de transformación política, económica y social, por los cuales luchamos. Quiero, una vez más, hacer presente que estos profundos procesos de cambios a que Chile está abocado, sólo podrán realizarse con el apoyo integral de la comunidad, sobre la base del esfuerzo de un pueblo consciente, disciplinado, heroico en el trabajo, en la creación, y, por ello, indiscutiblemente que hay que destacar la importancia que tendrá la escuela y el maestro, sobre todo, frente a las dificultades que tendremos, porque hacer cambios es herir intereses y en el camino nuestro es el más duro, ya que tendremos que realizarlo dentro de los marcos de una legalidad democrático y burguesa, con el respeto integral a la personalidad humana y a los derechos sociales, frente a sectores que no trepidan en crear toda clase de dificultades a este Gobierno, pero que serán vencidas por la unidad, por la entereza por la decisión y por la voluntad revolucionaria del pueblo.
Para nosotros, toda sociedad debe ser una escuela, y la escuela debe ser parte integrante de esa gran escuela que debe ser la sociedad, pero no la tradicional, introvertida, satisfecha de una enseñanza que puede ser bien impartida, pero que no traspasa más allá de sus muros; porque pensamos en la escuela abierta, integrada a los procesos que la inquietan, preocupan e interesan a la comunidad. Eso es lo que anhelamos y eso es lo que saldrá del debate democrático que tendrán maestros, padres y alumnos, para hacer posible que esa reforma educacional que anhelamos sea el producto de una comunidad, comprendiendo la trascendencia que ella tendrá en el proceso del desarrollo de nuestra patria.
Pensamos que este proceso de discusión de los problemas educacionales, tal como lo hemos señalado, forma parte de una concepción amplia y auténtica de una verdadera democracia, en donde la mayoría del pueblo participe permanentemente y no sólo en forma ocasional, como ocurre hoy día, en donde el pueblo todavía es citado tan sólo en los actos eleccionarios. Nosotros ya hemos roto en gran parte esto, pero reconocemos que es fundamental avanzar, avanzar mucho más, y hacer que el pueblo esté presente en la etapa de construcción y realización, en las decisiones, en la acción, en la vigilancia y en el control de las actividades productivas, educacionales y en la acción del Gobierno.
Sólo así justificaremos lo que sostuvimos a lo largo de nuestras luchas cuando dijimos que el pueblo sería Gobierno. Y el pueblo será Gobierno cuando participe activamente en todas las actividades nacionales. Para hacer posible esa concepción democrática, debemos comenzar para establecer la igualdad de posibilidades para las nuevas generaciones. Nadie, menos yo que soy médico, puede sostener que todos los hombres son iguales. Y al decir hombre empleo genéricamente esta expresión. De lo que se trata es de darles las posibilidades a fin de que todos tengan la misma oportunidad y dependerá, por cierto, de las condiciones individuales de cada cual, el que esta posibilidad sea mejor aprovechada o desechada. No se trata, entonces, tan sólo de que nosotros luchemos por los cambios, que implican que los medios de producción, en el nivel fundamental del desarrollo económico del país, pertenezcan a la comunidad, como lo hemos planteado al señalar la necesidad imperiosa de crear el área de capital social. Se trata de que, además, luchemos por hacer posible una distribución equitativa de los ingresos para evitar las injusticias de los grandes desniveles de un régimen y un sistema, que da a tan pocos, tanto, y que da tan poco a la mayoría. Luchamos porque el hombre y la mujer de Chile, el joven, el niño y el anciano tengan derecho al acceso que les permitan alcanzar los niveles de consumo necesarios para satisfacer las necesidades esenciales. Señalamos que nuestro pueblo, más que centenariamente tiene hambre de pan, hambre material y hambre espiritual.
Queremos igualdad para el desarrollo de las capacidades, igualdad de posibilidades, repito, y hay que señalar que esto no ocurre en el sistema que queremos transformar, porque nadie ignora, de los que están aquí que son maestros y profesionales, que por desgracia esta capacidad está ligada a las condiciones materiales de existencia.
EL NIÑO, ÚNICO PRIVILEGIADO.
Como médico, tantas y tantas veces en todas las tribunas, he señalado la tremenda injusticia y lacra social que entraña que en una sociedad injusta, un porcentaje elevado de niños no pueda tener igualdad de posibilidades, de desarrollar sus capacidades, porque sus padres no tuvieron cómo alimentarlo. Si hay algo que señala la injusticia increíble de este sistema, es que en Chile hay 600 mil niños con menor capacidad intelectual, porque no recibieron las proteínas en los primeros meses de su existencia. Hoy sabemos que el rendimiento intelectual puede ser disminuido hasta en un 40%, cuando el niño recién nacido no se alimenta en condiciones normales. Y por eso, de la misma manera, señalamos que la Escuela es para algunos niños continuación del hogar, pero no los es para la gran mayoría de nuestros niños cuyos padres, lamentablemente, no pueden satisfacer sus preguntas, el porqué, que es lo que siempre dicen los niños frente a los problemas diarios que confrontan. Un padre analfabeto es un padre que no puede enseñarle el lenguaje al niño ni explicarle siquiera, sencillamente, los procesos del mundo, de la sociedad e la patria. Por ello, nosotros señalamos que la lucha sin cuartel en que estamos empeñados es hacer factible las posibilidades iguales, para que se desarrollen en condiciones similares las capacidades de los niños, al margen de las contingencias de una sociedad injusta, que abre todas las posibilidades a unos pocos y cierra las posibilidades a la inmensa mayoría de nuestros niños.
¿Para qué recordar aquí que llegan a la escuela muchos niños que no supieron del papel, de sus lápices de colores, de los juegos didácticos? De allí que también sea obligación fundamental del Ministerio de Educación acelerar el proceso y avanzar preocupándose más y más de aquellos niños deprimidos culturalmente por las condiciones materiales de existencia de sus padres. ¿Cuántos niños llegan a la escuela sin haber tenido la sensación de una casa, de un hogar? Niños cuyos padres no tienen cómo satisfacer sus mínimas exigencias, niños que chapotean en el barro, caminan a kilómetros a veces en las zonas rurales, llegan hambrientos a escuelas destartaladas, donde el maestro se empeña inútilmente para que aprendan; con niños que no pueden retener porque su memoria es inferior a la de otros, de aquellos que se alimentan normalmente.
Al entrar a esta Asamblea, tan significativa y de tan hondo contenido patriótico, me han golpeado los letreros que levantan los niños estudiantes reclamando locales que satisfagan las necesidades mínimas que deben tener los locales de enseñanza.
Por eso señalamos que debe haber un nivel educacional básico común, desde el cual pueden partir en iguales condiciones, para que se desarrollen las posibilidades de cada cual de acuerdo con su capacidad y sus convicciones. Necesitamos recuperar el tiempo perdido; afiebradamente preocuparnos de enseñar y educar más y más.
Hoy día estamos frente a un mundo que bulle en sus cambios profundos, en el campo de la ciencia y de la técnica. El hombre ha dominado la naturaleza y es indispensable comprender que, por desgracia, los pueblos como el nuestro, dependiente en lo económico y en lo cultural, que llegaron tarde a la revolución mercantil e industrial y que están a años-luz de la revolución científica-tecnológica necesitan impedir que la brecha que los separa de los países del capitalismo industrial y del socialismo se acrecienta cada día más. Somos pueblos en donde lacras sociales señalan la injusticia y donde el hombre alienado vive con el temor a la diaria existencia, frente a la falta de trabajo, a la incultura, a la posibilidad de comprar la salud, de tener un hogar, de recrearse y descansar.
Señalamos que así como hay en la infancia niños discriminados, el hombre o la mujer no puede alcanzar niveles mínimos educacionales; está marginado de la vida, sobre todo, cuando hoy, más que nunca, se necesita capacitación en las actividades del trabajo cualquiera que estas sean. De allí que no podemos olvidar, por ejemplo, el hecho social que inquiera tanto a este Gobierno y personalmente a mí, cuando constatamos que en nuestro país hay un número alto de hombres y mujeres que no trabajan por diversas razones, pero, entre otras, porque no pasaron siquiera por los años elementales de educación básica y tienen por lo tanto menos posibilidades de ser factores de rendimiento eficaz. Y para ellos, la posibilidad del trabajo o del empleo se hace más difícil. De allí que yo insista, entonces, que para nosotros los gobernantes del pueblo y para Uds., esta etapa que vivimos debamos destacarla como el hecho más trascendente de la humanidad. No olvidemos que los niños y los jóvenes que están aquí, y que van a ingresar a la escuela, al liceo o a la Universidad, serán mañana los hombres del siglo XXI, en donde, indiscutiblemente, el proceso de la producción y del trabajo estará marcado por una alta especialización.
De ahí, entonces, que nosotros no olvidemos esto para recuperar el tiempo perdido; juntar la brecha que nos separa de los países del capitalismo industrial y del socialismo y preparar con pasión patriótica a los niños, para que sean mañana ciudadanos, no sólo en el aspecto de la enseñanza cultural, sino en la transformación interna que haga de ellos los hombres del siglo XXI, con una nueva mentalidad, un nuevo espíritu, una nueva conciencia social.
FORMAR UN HOMBRE NUEVO PARA UN CHILE NUEVO.
Romper la dependencia cultural y económica es un paso audaz y decisivo en el desarrollo de la patria. Pero construir la nueva vida y la nueva sociedad requiere, como decía hace un instante un nuevo hombre, una nueva voluntad, una nueva responsabilidad y para ello tenemos que prepararnos. En el mundo contemporáneo, no sólo los países como el nuestro, en vías de desarrollo, han sufrido y sufren la penetración del capital foráneo; no sólo somos países productores de materias primas que vendemos barato y compramos caro; somos países que estamos sufriendo una nueva agresión; es aquella que implica vender o no vender tecnología, que representa para los países que la tienen, tener aún mayores ventajas que las que directamente alcanzan cuando invierten sus capitales en los países como el nuestro, en el pleno camino de la producción.
Queremos entender que no podemos alcanzar una tecnología que, indiscutiblemente, no podemos aplicar indiscriminadamente a nuestra realidad. Debemos crear, aprovechando la experiencia y los conocimientos, vengan de donde vengan, los avances científicos, y sobre todo, los tecnológicos, para adecuarlos a nuestra propia realidad.
En esta asamblea, no es extraño, y al contrario, es mi obligación señalarlo, por ejemplo, que Chile, en este instante, más allá de las fronteras partidarias de las bases políticas del Gobierno Popular, está empeñado en recuperar para el pueblo y para la patria las riquezas fundamentales en manos del capital foráneo. Esencialmente, en este instante se discute en la Cámara de diputados el proyecto nuestro destinado a recuperar para Chile su riqueza fundamental que es el cobre y a nacionalizarlo sin apellido alguno. Sin embargo, quiero destacar la enseñanza dura que ya hemos sacado de los primeros pasos que hemos querido dar en este sentido, antes que se dicte la Reforma Constitucional a que me estoy refiriendo. En el caso de Chuquicamata, cincuenta y tantos técnicos extranjeros no han oído nuestro llamado, que no ha sido mendicante, pero que ha sido claro: de que se quedaran trabajando, para que estuvieran en esta etapa de proceso difícil, en que Chile será el dueño absoluto de esas riquezas tan fundamentales para la patria. Han rechazado nuestra petición por razones que debemos considerar: porque son funcionarios de empresas que tienen en otras partes del mundo faenas similares a las nuestras y, por lo tanto, podríamos decir que forman parte de una cadena que los amarra a esas poderosas empresas internacionales. De allí la obligación de que sean técnicos chilenos, profesionales nuestros, los que tengan que tomar en sus manos la responsabilidad del proceso productivo, que tiene tanta incidencia en la marcha normal del desarrollo económico de Chile, y por cierto, mucho más en las posibilidades de su ampliación. Sin embargo, no tenemos nosotros los técnicos especializados que hayan tenido niveles de responsabilidad superior en esas faenas mineras, las más importantes para la patria. Y eso ha ocurrido porque ha sido la intención impedir que los técnicos nuestros alcanzaran estos niveles de responsabilidad superior. Sin embargo, abocados a estos hechos, tenemos la confianza de superar esas dificultades, porque una unidad de obreros, empleados, técnicos y profesionales, porque el Colegio de Ingenieros y el Colegio de Técnicos Industriales y de Técnicos Mineros, junto a los obreros de Chile, darán un paso histórico para defender la patria y su destino.
De allí, que junto con destacar la significación que tiene `para nosotros el contenido que tendrán que darle ustedes, los integrantes de la comunidad de la Reforma Educacional dependiente del Ministerio, quiero destacar cuánto ha significado en el proceso bullente de las luchas populares el nuevo espíritu que ha sacudido a las Universidades de Chile. Hoy, las universidades de la patria se anticiparon en la inquietud de los sectores populares, tienen conciencia de que no puede haber universidades amorfas, universidades al margen del proceso social; tienen que ser, y serán, universidades comprometidas con los problemas del pueblo y con los cambios estructurales que el pueblo reclama; universidades cuyas experiencias científicas y cuyos avances tecnológicos tienen que estar íntimamente vinculados a los procesos del desarrollo nacional en los campos regionales a lo largo de toda nuestra patria.
Es por eso que anhelamos -repito- una nueva sociedad, con nuevos valores. Y ello ha de salir del proceso revolucionario que ha de hacerse crisol en el grande y atrayente e inquietante anhelo de una reforma educacional que prepare al hombre nuevo para la nueva sociedad y las nuevas tareas. Necesitamos entender que miles y miles de muchachos se sienten frustrados, carecen de una orientación, jóvenes que no vuelan por su propia imaginación, sino que tienen que recurrir a las drogas para empinarse frente a los procesos pequeños de todos los días y de la miseria del hombre. Por ello, para nosotros, la acción de la educación y del Gobierno en el ámbito de una nueva sociedad, tienen que señalarle al joven, que será el ejecutor y constructor de la nueva sociedad que anhelamos, la gran tarea dignificadora, arrancándola de la oscilación y el vicio, entregándole el más noble mandato que puede tener un joven: luchar por su patria, una nueva sociedad y un nuevo hombre en la colmena fecunda del trabajo.